Esta utopía de ciencia ficción propone la eliminación de los millonarios, ¡y Musk, Bezos y Zuckerberg están de acuerdo!

La saga de ‘La Cultura’ de Iain M. Banks es una de las series de libros de ciencia ficción más importantes e influyentes de la historia del género. Entre sus admiradores se encuentran nombres notables del sector tecnológico. Lo que resulta curioso es que el mensaje y el trasfondo de la saga van en una dirección, podría decirse, diametralmente opuesta a los negocios que lideran estos multimillonarios. Entonces… ¿por qué les atrae tanto?
La cultura de ‘La Cultura’. La saga consta de diez libros, el primero de ellos escrito en 1987 y el último en 2012. En ellos se plantea una sociedad en la que los pan-humanos (similares a nosotros en apariencia, pero sin estar del todo claro qué relación guardan con la Humanidad) conviven con inteligencias artificiales, habiendo superado cualquier problema de escasez del pasado. Todos los ciudadanos pueden despreocuparse del trabajo: la tecnología se encarga de todo. Hasta la muerte es un problema del pasado: las enfermedades han quedado atrás, y las mentes pueden trasladarse de un cuerpo a otro cuando los cuerpos no dan más de sí.
Abajo el trabajo. ‘La Cultura’ es una de las obras de ciencia ficción más claramente posicionadas en términos políticos. A diferencia de clásicos del pensamiento conservador, se inclina hacia la utopía socialista, más en la línea de otros clásicos como ‘El talón de hierro’ de Jack London. En la sociedad de ‘La Cultura’ se alcanzan metas de la teoría socialista: sociedad de post-escasez, abolición del dinero y la propiedad privada, igualdad radical, trabajo voluntario, gestión colectiva, ausencia de leyes coercitivas, libertad personal… una auténtica utopía.
Piedras al propio tejado. Y como no hay desigualdades por motivos económicos, el mismo concepto de unos millonarios oligarcas es aberrante. Banks detestaba la idea de que mucho dinero se concentrara en unas pocas manos. Como se mencionó en un artículo, la solución a la conducta antisocial en ‘La Cultura’ no es el castigo legal, sino convertir al delincuente en un paria social, la cancelación. Algo contra lo que se han manifestado abiertamente algunos de estos magnates. Además, está el tema del género completamente fluido en esta sociedad utópica: los géneros rígidos están completamente superados. Y ya sabemos lo poco que les gustan a algunos las ideas LGTBI.
¿Qué le ven? Está claro qué les gusta entonces de ‘La Cultura’: la fascinante visión de la tecnología como solución a todos los problemas. Desde facilitar las tareas más cotidianas a vencer en batallas espaciales, todo está mediatizado por la tecnología y las inteligencias artificiales. Para Banks, la tecnología no es un fin en sí mismo, sino una herramienta en busca de una sociedad más justa y equitativa. Pero es fácil para estos oligarcas ignorar esa parte, porque lo cómodo es dejarse llevar por el espectáculo sin fisuras que también propone ‘La Cultura’ (que son novelas de aventuras, no de tesis).
Es importante destacar que hay voces, como la del periodista Max Read, que afirman que quizás estos líderes tecnológicos no hayan malinterpretado del todo ‘La Cultura’. Especialmente si la comparamos con los hallazgos de otra utopía por excelencia de la ciencia ficción, ‘Los desposeídos’ de Ursula K. LeGuin, que tiene tintes más cercanos al anarquismo.
Poseyendo las utopías. A medida que la tecnología se vuelve más compleja, los puentes de entendimiento entre la ciencia ficción y la innovación son más constantes. La ciencia ficción nos ha servido para imaginar el futuro y llevarlo a cabo, y por ello las élites tecnológicas han reinterpretado las utopías como inspiración, e incluso a veces como branding, como hizo Musk poniendo nombres de naves de Space X, inspirando el propio concepto de Neuralink y definiéndose en X como un «anarquista utópico de los descritos por Iain M. Banks». No es el único que se apropia de la saga: otros están planeando adaptar el primer libro de ‘La Cultura’ en Prime Video. Además, también se mencionó la saga en un club de lectura de 2015.
Sin embargo, esta posesión de las ideas de Banks u otras utopías como generadoras de imaginarios y conceptos tecnológicos tiene inconvenientes muy claros cuando se pasa de la utopía socialista a la narrativa empresarial. El sentido crítico de las obras literarias se diluye y se entra en una paradoja: la de la utopía tecnocrática. Banks no está aquí para conocerla, pero hay motivos para pensar que le habría producido escalofríos.



