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Ciencia y Tecnología

Una posible opción para reescribir el título sería: «Derramaba lágrimas rojas y (posiblemente) seguía una dieta vegana».

A fuerza de segar vidas en el campo de batalla y empalar a sus víctimas, Vlad III Drăculea se granjeó una fama cruenta que, siglos después, dicen, acabó inspirando a Bram Stoker mientras escribía ‘Drácula’. Lo más curioso es que el viejo noble de los Cárpatos no solo dejaba estampas turbadoras durante las guerras. Un grupo de científicos ha averiguado que lo hacía también al dedicarse a algo tan anodino como coger pluma y papel para redactar cartas sobre el cobro de impuestos. El motivo: al analizar sus antiguos escritos del siglo XV han descubierto que Vlad Drăculea lloraba lágrimas de sangre. Y no, no es una forma de hablar.

Del mito, al personaje. Se inspirase Bram Stoker más o menos en Vlad Drăculea cuando escribía sobre el Conde Drácula, en algo sí se parecen el célebre vampiro y el antiguo noble de los Cárpatos: ambos son fascinantes. A su manera. Al primero se le recuerda por protagonizar una de las cumbres de la literatura de terror sobrenatural. A Vlad Țepeș (1431-1476) por ser un despiadado gobernante de Valaquia, azote de los otomanos y protagonista de una vida que —de esto sí no hay duda— era digna de las mejores páginas del célebre autor irlandés.

Si Vlad Țepeș se ha convertido en uno de los nobles más famosos del siglo XV no es sin embargo por su faceta de estratega, gobernante inteligente o fiero guerrero. No. Es la crueldad con la que trataba a sus enemigos lo que ha le ha hecho tan popular. Fuesen sus contrincantes extranjeros o compatriotas de su propia tierra, al voivoda no le temblaba el pulso al ordenar que los empalaran en estacas para luego dejarlos morir lentamente. Se cuenta que en 1462 Vlad se retiró de una batalla dejando a su paso un campo repleto de víctimas ensartadas. Un aviso para los otomanos.

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Y del personaje a la ciencia. De la vida de Vlad Țepeș, el Empalador, conocemos un buen puñado de datos. Sabemos unas cuantas pinceladas de su biografía, su contexto histórico e incluso algo sobre su padre Vlad II Dracul, pero hace no mucho un grupo de investigadores se preguntó si podríamos ir un poco más allá. ¿Sería posible hacernos una idea más precisa de cómo era su salud? ¿Podríamos levantar una alfombra de más de cinco siglos de historia?

El equipo de investigadores decidió que sí. Y para lograrlo echó mano de dos valiosas herramientas: la ciencia y tres cartas escritas por el propio voivoda de Valaquia ya en sus años de madurez, en 1457 y 1475, una serie de documentos de contenido no especialmente fascinantes, en los que se tratan sobre todo cuestiones burocráticas, pero de los que esperaban poder rescatar «huellas» invisibles que nos hablasen de Vlad. Y lo de huellas sí se usa en este caso en sentido figurado.

Buscar debajo de las palabras. Eso es lo que hicieron Maria Gaetana Giovanna, de la Università di Catania, y el resto de sus colegas que participaron en la investigación. Gracias a la tecnología EVA (etileno-acetato de vinilo) el equipo pudo analizar los tres manuscritos de Vlad del siglo XV sin dañarlos y extraer péptidos y proteínas que les permitieron alcanzar dos grandes logros. El primero fue explorar las «condiciones ambientales» de la región durante la segunda mitad del XV, cuando Valaquia era un punto de encuentro de soldados, inmigrantes y viajeros que probablemente expandían también enfermedades y epidemias. El segundo, y más fascinante, «descubrir más» datos sobre el propio voivoda. Sus conclusiones las han plasmado en Analytical Chemistry.

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Y eso… ¿Cómo? Aunque no nos demos cuenta, cuando escribimos a mano tocamos el papel, apoyamos en él la parte inferior de la mano y le transferimos sustancias químicas de la piel. A nosotros quizás nos pase desapercibido. Al equipo de la Università di Catania no. Gracias a tecnología EVA y espectrometría de masas los científicos hallaron residuos con más de 500 péptidos, 100 de origen humano. Lo interesante de la investigación es qué nos cuenta sobre el autor de las cartas.

Inflamaciones y trastornos. Los datos que el grupo obtuvo sobre Țepeș resultan fascinantes, tanto por cómo los han logrado como, sobre todo, por la imagen que nos transmite del Empalador. Su estudio permite ir más allá de las biografías o los retratos y descubrir algunas intimidades del aristócrata, como que seguramente padecía una enfermedad inflamatoria que podía causarle problemas en el tractor respiratorio o la piel. Los científicos también encontraron algunas evidencias de ciliopatía, un conjunto de enfermedades de causa genética.

Lagrimas de sangre. El dato más fascinante es sin embargo otro. Uno que nos invita a pensar que Vlad Țepeș lloraba auténticas lágrimas de sangre. El estudio de las proteínas sugiere que el voivoda pudo padecer hemolacria, una condición que lleva a quienes la sufren a segregar lágrimas compuestas parcialmente de sangre, por lo que las gotas se tiñen de rojizo o incluso parecen sanguinolentas. Sus causas pueden ser muy diversas, desde la rotura de los vasos conjuntivales a una conjuntivitis, lesiones vasculares, traumas craneales, epilepsia postraumática o incluso haber sufrido un edema hemorrágico agudo en la infancia.

Una duda asumible. El artículo firmado por Giovanna Pittalà y sus colegas reconoce que las cartas pueden recoger proteínas y péptidos que nada tengan que ver con  Vlad Țepeș, pero también indican que ese riesgo es más que asumible. «Es posible que más personas medievales hayan tocado estos documentos, lo cual no se puede negar, pero es presumible que las proteínas antiguas más prominentes deberían estar señaladas con Vlad el Empalador, quien escribió y firmó». Lágrimas de sangre… ¿Dieta vegana?

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Curiosamente los investigadores han encontrado algo más que una pista de que Vlad lloraba lágrimas de sangre. Como explica Gleb Zilberstein, coautor del estudio, a The Times, los científicos notaron una llamativa ausencia de proteínas de origen animal entre las moléculas extraídas de la carta, lo que deja botando una posibilidad aún más sorprendente… e irónica: que pese a su fama de guerrero sanguinario y la leyenda que ha alimentado, cuando Vlad se sentaba a la mesa no fuera muy amigo de la sangre. «El prototipo de vampiro puede haber sido vegano», desliza el doctor Zilberstein. Eso sí, ese dato podría explicarse más por las condiciones en las que le tocó vivir, con un «clima muy frío» en el que no era sencillo mantener una buena ingesta de alimentos, que por una elección deliberada.

Imágenes: Wikipedia y María Gaetana Giovanna Pittalà et al (Analytical Chemistry) En Xataka: Los mitos sobre los vampiros proceden de un trastorno sanguíneo real

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