El ‘efecto Lukaku’ resucita a Bélgica con una remontada imposible y condena a Senegal

El Bélgica-Senegal fue el mejor ejemplo de por qué el Mundial sigue siendo el torneo más imprevisible del fútbol. Cuando todo parecía decidido y los africanos acariciaban unos octavos de final más que merecidos tras dominar durante más de 85 minutos, Bélgica encontró una vida extra donde parecía no quedar nada. Del 0-2 al 3-2. Del abismo a la clasificación. Del sueño senegalés al desenlace más cruel del Mundial.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Senegal fue infinitamente superior durante la mayor parte del encuentro. El conjunto dirigido por Pape Thiaw presionó arriba, dominó la posesión y sometió a una Bélgica irreconocible, muy lejos de aquella generación que enamoró al mundo en el Mundial de 2018. Los de Rudi Garcia apenas encontraban respuestas y sobrevivían gracias a Courtois, mientras los ‘Leones de la Teranga’ acumulaban ocasiones y sensación de peligro.
[–> [–>[–>El premio llegó en el minuto 26. Habib Diarra aprovechó un rechace dentro del área para hacer justicia a lo que estaba ocurriendo sobre el césped. El 0-1 incluso se quedó corto para unos senegaleses que apenas concedieron ocasiones antes del descanso y dejaron a Bélgica completamente anulada.
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Nada cambió tras la reanudación. Es más, Senegal golpeó todavía más fuerte. En el minuto 51, Ismaila Sarr culminó una rápida acción de fútbol directo para firmar el 0-2 y dejar a los belgas al borde de la eliminación. El conjunto africano controlaba el partido con autoridad y parecía tener el billete para octavos en el bolsillo. Entonces apareció el efecto Lukaku.
[–>[–>[–>Ismaila Sarr celebra su gol ante Bélgica / STEPHEN BRASHEAR / EFE
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Rudi Garcia agitó el banquillo y encontró la solución. La entrada de Lukaku al descanso, unida posteriormente a las de Lukebakio y Moreira, transformó por completo a una Bélgica que hasta ese momento no había ofrecido absolutamente nada. Ganó metros, agresividad y, por primera vez en todo el partido, empezó a jugar cerca del área de Senegal.
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Dos goles belgas en los tres últimos minutos
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Aun así, el tiempo se agotaba. En el minuto 85, Sadio Mané tuvo el 0-3 en sus botas, pero Courtois evitó el gol que habría sentenciado definitivamente la eliminatoria. Apenas dos minutos después llegó el primer golpe belga. Lukaku, como tantas veces, apareció donde debía para recortar distancias y devolver la esperanza a los suyos.
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[–>Y cuando Senegal todavía trataba de asimilar el golpe, llegó el empate. En el minuto 90, un centro medido de Trossard encontró la cabeza de Tielemans, que aprovechó una mala salida de Diaw para firmar un 2-2 absolutamente inesperado. En apenas tres minutos, Bélgica había pasado de estar eliminada a resucitar.
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Incluso pudo completar la remontada antes de la prórroga. Con un Lukaku imparable fijando centrales y generando espacios, los de Rudi Garcia encerraron a un Senegal completamente aturdido durante el largo tiempo añadido. Los belgas estuvieron más cerca del 3-2 que los africanos de volver a adelantarse y rozaron una remontada que parecía imposible apenas unos minutos antes.
[–>[–>[–>El final más cruel
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La prórroga fue mucho más igualada. El cansancio hizo mella en ambos equipos y las ocasiones llegaron con cuentagotas, pero cabe destacar la entrada de Onana para Bélgica. Nivel altísimo. Mbaye perdonó una ocasión clarísima para Senegal, mientras Lukebakio estrelló un disparo en el larguero cuando todo hacía pensar que la eliminatoria se decidiría desde el punto de penalti. Y así fue, pero un pelín antes de lo previsto y solo hubo un lanzamiento.
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Porque todavía quedaba un último giro de guion. En el minuto 125, el árbitro pitó penalti a favor de Bélgica tras una larga revisión. Lukaku parecía dispuesto a asumir la responsabilidad, pero acabó cediendo el balón a Tielemans. El centrocampista no falló y ejecutó un lanzamiento perfecto para culminar una remontada que ya forma parte de la historia de los Mundiales.
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A Senegal solo le quedó una última oportunidad, una falta al borde del área ya en el descuento de la prórroga, pero el lanzamiento de Sarr se marchó por encima del larguero. El pitido final certificó uno de los desenlaces más crueles del torneo. Los africanos habían sido muy superiores durante más de 85 minutos, tuvieron el 0-3 en las botas de Mané y llegaron al tramo final con el partido completamente controlado. En cuestión de instantes vieron cómo Bélgica resurgía de entre los muertos y empataba una eliminatoria que parecía perdida, forzaba la prórroga y acababa arrebatándoles el billete a octavos desde los once metros
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