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Opinión

Europa está a punto de ahogarse en el río de la derecha radical

Cuando Maquiavelo reflexionó sobre las crisis de su época (entre ellas los conflictos entre las principales potencias europeas, el descontento con los funcionarios públicos y el colapso de la legitimidad de la Iglesia católica) recurrió a la República Romana en busca de inspiración. Cuando hay escepticismo sobre los valores, escribió, la historia es la única guía que nos queda. El secreto de la libertad romana, explicó en los “Discursos sobre Livio”, no fue ni su buena suerte ni su poder militar. Más bien, residió en la capacidad de los romanos para mediar en el conflicto entre las elites ricas y la gran mayoría del pueblo, o como él dijo, “i grandi” (los grandes) e “il popolo” (el pueblo).

Si bien la tendencia inherente de los grandes, argumentó Maquiavelo, es acumular riqueza y poder para gobernar al resto, el deseo inherente del pueblo es evitar estar a merced de las élites. El choque entre los grupos generalmente llevó a las políticas en direcciones opuestas. Sin embargo, la República Romana tenía instituciones, como el tribunado de la plebe, que buscaban empoderar al pueblo y contener a las élites. Sólo canalizando, en lugar de suprimiendo, este conflicto, afirmó Maquiavelo, se podría preservar la libertad cívica.

Europa no ha seguido su consejo. A pesar de toda su retórica democrática, la Unión Europea está más cerca de una institución oligárquica. Supervisado por un cuerpo no electo de tecnócratas de la Comisión Europea, el bloque no permite consultas populares sobre políticas, y mucho menos participación. Sus reglas fiscales, que imponen límites estrictos a los presupuestos de los estados miembros, ofrecen protección a los ricos al tiempo que imponen austeridad a los pobres. De arriba a abajo, Europa está dominada por los intereses de unos pocos ricos, que restringen la libertad de la mayoría.

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Su situación, por supuesto, no es única. Las empresas, las instituciones financieras, las agencias de calificación crediticia y los poderosos grupos de interés toman las decisiones en todas partes, limitando gravemente el poder de los políticos. La Unión Europea está lejos de ser el peor infractor. Aun así, en los Estados-nación, la apariencia de participación democrática puede mantenerse mediante la lealtad a una constitución compartida. En la Unión Europea, cuyo mito fundacional es el libre mercado, el argumento es mucho más difícil de defender.

A menudo se supone que el carácter transnacional del bloque está detrás de la aversión de los europeos hacia él. Sin embargo, esos Quienes se resisten a la actual Unión Europea no lo hacen porque sea demasiado cosmopolita. Muy simplemente, y no sin razón, se resisten a ella porque no logra representarlos. El Parlamento por el que los europeos votarán el próximo mes, para tomar un ejemplo flagrante de la falta de democracia del bloque, tiene poco poder legislativo propio: tiende simplemente a aprobar las decisiones tomadas por la comisión. Es esta brecha representativa la que llena la derecha radical, convirtiendo el problema en simples binarios: usted o ellos, el Estado o Europa, el trabajador blanco o el migrante.

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