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Ciencia y Tecnología

El Nothing Phone (2) demuestra que incluso el Android “Puro” requiere el apoyo de la potencia bruta.

Ya hemos analizado el Nothing Phone (2) y, salvando que la cámara necesita algunas actualizaciones, el móvil ha rozado el sobresaliente. Tengo clara una reflexión entorno al mismo que llevo arrastrando tras haber probado tantos teléfonos en los últimos años: Android Stock está muy bien, pero no sirve de mucho sin una buena dosis de potencia bruta.

Me pasó con el Nothing Phone (1), con el Google Pixel 4a y, en alguna ocasión contada, incluso con mi Google Pixel 6 con su Tensor G1. Android sigue siendo un sistema demandante de recursos, y si la potencia no sobra, a veces no es suficiente.

Nunca olvidaré las semanas que estaba utilizando el Google Pixel 4a y cómo describí su comportamiento: “Este Pixel no se sitúa en la excelencia del rendimiento. Funciona, ni más ni menos, como cualquier otra gama media”. Toda esa “magia” Pixel, esa fluidez pasmosa, esas animaciones eléctricas… Todo se diluía por la culpa del Snapdragon 730. A veces le pesaba el trasero con algunos juegos, las apps no se abrían tan rápido y, en general, tenía la experiencia de usar cualquier otro medio de gama.

Algo similar pasó con el Nothing Phone (1) y su Snapdragon 778G+. Era un teléfono brutal en calidad-precio pero recuero que, pese a que Nothing OS seguía siendo una ROM basada en Android Stock, echábamos en falta la energía que tenían rivales como el POCO F3 con su Snapdragon 870.

En esta generación, con el salto al penúltimo SoC de Qualcomm, el rendimiento ha pasado a brillar, y la ROM por fin demuestra lo que es capaz. Es esa fluidez prácticamente absoluta que, hasta que no las pruebas y la compara directamente con otro, impide ser consciente de la falta de agilidad que tienen buena parte de los teléfonos móviles actuales.

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Con la evolución que ha experimentado Android en los últimos años podría pensarse que cada vez es necesario menos potencia para lograr un rendimiento óptimo: no podemos estar más lejos de ello. Sin ir más lejos, el apartado fotográfico actual (con el gran apoyo en IA que conlleva) depende en buena parte de la potencia del teléfono: a mejor procesador, mejor ISP.

Los juegos y aplicaciones están lejos de pesar menos: estamos comenzando a normalizar juegos de más de 10 GB y las aplicaciones cada vez demandan más. Los recursos a nivel de hardware aumentan, y el sistema evoluciona en base a los mismos: si tenemos un SoC algo justo, lo pasará mal (sobre todo a la hora de envejecer).

La integración de funciones de IA en el propio chip, como ese el caso del Neural Engine de Apple o el motor neuronal de Google para procesar de forma local datos como traducciones en tiempo real, Asistente de Google y demás, demandan procesadores cada vez más capaces. En resumidas cuentas, estamos lejos de no poder recomendar caballo grande.

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