El fin del Lejano Oeste de las criptomonedas está cerca

Nota del editor: Silvina Moschini es una emprendedora especializada en la economía digital. Es productora ejecutiva de Unicorn Hunters y fundadora y presidenta de Unicoin, una criptomoneda de próxima generación. Las opiniones expresadas en este comentario pertenecen exclusivamente a la autora. Ver más artículos de opinión en CNNE.com/opinion.
(CNN Español)-– Durante más de una década, el mercado criptográfico se ganó la denominación de “lejano Oeste”, debido a que ha operado sin alguna legislación. Muchos de sus protagonistas, sin importar su tamaño y el volumen de sus acciones, se movieron demasiado cómodos porque parecía no haber una frontera a la vista. Pero ahora, tal como ironizó una editora de Bloombergparece haber llegado el turno del sheriff.
A partir de los recientes demandas de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) contra varias plataformas de intercambio de criptomonedasla conversación sobre ese “lejano Oeste” libre, desregulado y ocasionalmente problemático se ha vuelto a poner sobre la mesa y pocos dudan de la conveniencia de tener marcos legales para limpiar el terreno de juego y establecer las rendiciones de cuentas correspondientes.
Quienes resisten cualquier atisbo de ordenamiento probablemente olviden que las regulaciones suelen impulsar a las tecnologías en lugar de frenarlas. Lo muestra la propia historia de Internet: la llamada “burbuja de las punto com” explotó a raíz de un combo de especulación y falta de legislación, pero Internet siguió perfeccionándose técnica y comercialmente. En cualquier caso, los jugadores de su primera etapa (Altavista, MySpace, etc.) abandonaron su lugar a otros que, en parte gracias a mejores normativas, innovaron y se expandieron globalmente (Google, Facebook, entre otros).
No hay razón para creer que con las criptomonedas será diferente. Es cierto que su irrupción, inevitablemente desorganizada y con el sesgo del anonimato, tiene como un acelerador de la innovación. En la larga historia del dinero, la página de las criptodivisas quedó grabada por la novedad que la tecnología blockchain impuso a cuestiones elementales, como la descentralización y la seguridad. Pero es necesario reconocer que aquel desorden inicial que agudizó la creatividad hoy es un terreno algo caótico que habilita mecanismos opacos como los que derivaron en el colapso de FTX en noviembre del año pasado.
En el escenario criptográfico de 2023, la “música” de las regulaciones comienza a escucharse en todas las latitudes, aunque es cierto que las matices son importantes. Del otro lado del Atlántico, el Parlamento Europeo sancionó el 20 de abril la Ley para Mercados de Criptoactivos, (MiCA), que entrará en vigor en 2024 y cuyo énfasis apunta a que las empresas del sector operen con una licencia, pero también a que los inversores tengan un alto nivel de protección.
En Washington, mientras tanto, la ambición de regular se ha consolidado con acciones puntuales de la SEGUNDO contra algunas de las plataformas más importantes del ecosistema criptográfico. Aunque una parte del sector cree que esto puede erosionar la confianza en el mundo criptográfico en general, las medidas apuntan a clarificar conceptos y responsabilidades. ¿Cuándo hablamos de una moneda y cuándo nos referimos a un valor negociable? ¿Cuál es ―o quién debería ser― la relación entre los emisores de criptoactivos y las plataformas mediante las cuales se intercambian? Esas y otras preguntas toman forma de reglamentos (Europa) o de actuaciones judiciales (EE.UU.), pero en esencia buscan despejar la incertidumbre y aportar más transparencia.
En este contexto, importa menos “la cara del sheriff” que sus propósitos y motivaciones. Todos los pasos que vayan en la dirección de regular los nuevos productos financieros servirán para masificarlos y democratizar el acceso a las inversiones. Es cierto que la educación financiera también tiene un rol fundamental en este sentido, pero no hay aprendizaje posible sin reglas de juego que ordenen el tablero.



