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Ciencia y Tecnología

Casas prefabricadas emergen como solución a la crisis de vivienda en aumento

A finales de septiembre el gobierno de Nueva Gales del Sur, en Australia, lanzó un ambicioso plan de 224 millones de dólares para atajar un desafío que no resulta ajeno a España: la crisis de vivienda, azuzada por el déficit de oferta, los elevados costes, la escasez y el alza de los alquileres. Nada de nuevo ni que suene extraño aquí, en nuestro propio rincón del mundo. Lo que sí resulta curioso es a qué plantean destinar las autoridades australianas parte de esa bolsa de 224 millones de dólares: un pellizco de 10 millones se dedicará a financiar una “prueba de vivienda modular”, un experimento con el que en Sídney confían en cubrir de forma rápida la urgente necesidad de “viviendas sociales de calidad”. No son los únicos que miran con interés las viejas casas prefabricadas.

¿Casas modulares? Así es. En su intento por responder a la crisis residencial y sobre todo reforzar su oferta social y asequible, las autoridades de Nueva Gales del Sur han diseñado un plan de 224 millones de dólares que se centra en diferentes frentes. El paquete contempla fondos para acelerar la entrega de viviendas sociales, su conservación, líneas específicas para personas sin techo o con problemas de salud… Y una reserva de 10 millones de dólares —un dólar australiano equivale a 0,6 euros— para financiar una “prueba de vivienda modular”. La partida quizás no sea excesivamente elevada, pero su enfoque está claro: aspira a ofrecer vivienda asequibles con calidad y de forma rápida. Pero… ¿Por qué? Se lo explica con claridad a The Guardian Ashley Beaumont, directora de EcoLiv, una compañía australiana dedicada precisamente a la construcción de casas modulares: “Su rentabilidad y construcción más rápida la convierten en una opción viable para aumentar de forma rápida la oferta de viviendas”. No es la primera vez que las autoridades se fijan en este modelo —en 2022 Nueva Gales del Sur ya recurrió a este tipo de construcciones para atender una zona afectada por inundaciones—, pero si se quiere impulsar su uso antes deberán afrontarse algunos desafíos. “Si bien es un paso en la dirección correcta, debemos considerar también otros factores críticos como la disponibilidad de terrenos, la infraestructura y planificación urbana para garantizar una solución integral”, reflexiona Beaumont. Las construcciones prefabricadas arrastran también una fama de edificaciones baratas y poco atractivas y lo cierto es que a día de hoy representan apenas el 3% del sector de la construcción en Australia. Lo que ahora quieren las autoridades surneogalesas es precisamente evaluar formas de planificarla, posibles ubicaciones, proveedores y cómo construirlas con calidad. ¿Nos muestra algo más el ejemplo de Nueva Gales? Sí, que las casas modulares no solo han despertado el interés de las administraciones para atajar la crisis residencial. El propio sector privado se ha fijado en ellas y buen ejemplo es que a lo largo de Australia se han creado empresas especializadas en la producción de este tipo de construcciones, desplegando una oferta que poco tiene que ver con las viejas casas prefabricadas de baja calidad lanzadas tras en los años 50 o 60. Buen ejemplo lo deja EcoLiv y su catálogo de opciones, con modelos desde algo más de 200.000 dólares y que llegan a pasar de los 660.000. Entre su gama EcoGeneration se incluyen opciones de tres dormitorios y dos daños y medio, con un sistema de energía solar de 5,55 KW, un tanque de de 10.000 litros o una instalación de “agua caliente eficiente” con capacidad para 250 litros.

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¿Ocurre solo en Australia? No. Nueva Gales del Sur ha decidido mover ficha en pleno alza de los alquileres, escasez de oferta de arrendamiento asequible y con hogares que dedican más del 30% de sus ingresos a cubrir los gastos de sus viviendas, ingredientes todos de una crisis residencial que no es ajena a otras muchas latitudes. En Reino Unido miran también con interés las construcciones modulares, igual que en España, Portugal o EEUU, y hay países en los que ya están plenamente asentadas, como Japón, donde se introdujeron con fuerza tras la Segunda Guerra Mundial ante el déficit de vivienda. Hay estudios que estiman que más del 15% de las nuevas casas y apartamentos que se levantan cada año en el país nipón salen de factorías, bien como viviendas prefabricadas o modulares.

¿Cuál es la situación en España? El sector aprecia un aumento de interés, sobre todo tras el COVID-19. “Después de la pandemia hubo un repunte bestial, la demanda se ha disparado. La gente empezó a tener ganas de jardín”, señala a Infobae Silvia Sánchez, socia gerente de Casas Cube. En 2021 la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP) llegó a afirmar incluso que la demanda de casas prefabricadas e industrializadas se había disparado de un 30 a un 60%, impulsadas por la crisis sanitaria y ventajas como su eficiencia energética o costes. Al margen de esos datos, si se amplía el foco su peso en el sector es aún muy reducido. Algunas estimaciones calculan que las viviendas industrializadas representan apenas el 1%, lo que nos sitúa lejos, muy lejos, de Holanda (50%), Alemania (9%) o incluso Reino Unido (7%). Pero… ¿Y qué ofrecen? Lo primero es aclarar de qué hablamos cuando nos referimos a “casas industrializadas”. La etiqueta se utiliza para designar todas aquellas viviendas que se construyen en naves o factorías, no de la forma tradicional, in situ, en el solar donde se alzarán y a base de ladrillos, andamios y cemento. Hay matices, como los que diferencian las estructuras prefabricadas de las modulares, más flexibles y que permiten jugar con diferentes módulos para adaptarse a su futuro inquilino. Sus principales ventajas, al menos según sus impulsores: el ahorro de tiempos, el menor impacto medioambiental, un mayor control de los posibles sobrecostes e incluso una mejor eficiencia energética, un plus que confirmaba hace poco a The Guardian Thomas Chambers, quien se mudó en septiembre a una casa modular en la que paga facturas muy similares a su viejo adosado, más pequeño.

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¿Son todo ventajas? No. Sobre las viviendas salidas de fábricas pesa aún la imagen de las viejas casas prefabricadas, de baja calidad, que se popularizaron hace décadas, y la propia Fiscalía ha tenido que salir públicamente a recordar que contrariamente a lo que aseguran algunas compañías, este tipo de edificaciones necesitan una licencia urbanística. Otro punto interesante es el del precio. En el sector hay quien asegura que una vivienda industrializada puede ser entre un 10 o 15% más económica, pero no todos lo ven igual y reconocen que esa ventaja es mucho menos atractiva: “El precio final no dista mucho de las viviendas tradicionales”.

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