El hombre que hizo la crónica de México

México tiene varias razones para estar agradecido a un misionero franciscano del siglo XVI llamado Bernardino de Sahagún. El más importante de ellos es que su trabajo como cronista es invaluable para comprender la historia y la cultura mexicana precolombina. Sahagún fue autor de un registro monumental de conocimientos que, de otro modo, se habría perdido para siempre. Descubra la historia de un hombre que se propuso cambiar una cultura pero terminó preservándola para siempre.
Vida temprana y formación académica
Bernardino nació en 1499 en Sahagún, una pequeña ciudad de la región de León, en el norte de España. Como muchos en el país en esa época, se crió en un ambiente devotamente católico. Su fuerte inclinación hacia la vida religiosa desde temprana edad lo llevó a ingresar en la orden franciscana y a estudiar en la prestigiosa Universidad de Salamanca, donde conoció las ideas humanistas del Renacimiento.

En 1521, los conquistadores españoles liderados por Hernán Cortés conquistaron la capital mexica de Tenochtitlán. Ocho años después, Sahagún fue enviado como misionero a Nueva España debido a sus destacados logros académicos y su fuerte devoción religiosa.
Los franciscanos dieron prioridad a la evangelización de los pueblos indígenas en sus lenguas nativas. Bernardino de Sahagún aprendió rápidamente náhuatl, el idioma de la Triple Alianza, mejor conocida como el Imperio Azteca, para ayudar a los predicadores de la Nueva España. Tradujo los Salmos, los Evangelios y el catecismo al náhuatl.
Comprensión cultural profunda
En 1536, Bernardino de Sahagún ayudó a establecer el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, la primera escuela europea de educación superior en América. Esta institución sirvió de sede para sus extensas investigaciones. La curiosidad de Sahagún lo llevó a explorar la cosmovisión nahua y sus habilidades lingüísticas le permitieron una comprensión profunda.
Sahagún utilizó una metodología que podría considerarse precursora de las modernas técnicas antropológicas de campo. Sus motivos eran principalmente religiosos: creía que para convertir a los nativos al cristianismo y erradicar su devoción a dioses “falsos”, era necesario comprenderlos. “El médico no puede aplicar correctamente los medicamentos al paciente [without] “Lo primero que hay que saber es de qué estado de ánimo o de qué causa procede la enfermedad”, escribió.


Sahagún se dedicó al estudio de las creencias, la cultura y la historia nahua. Interrogaba constantemente a ancianos, sabios y sacerdotes sobre los detalles que le interesaban. Pidió a sus discípulos que registraran esta información en náhuatl, que luego tradujo al español.
Aunque fue ante todo un misionero, el enfoque de Sahagún de recopilar información de fuentes indígenas y colaborar con informantes locales sentó las bases para futuros estudios etnográficos y se le ha llamado el «primer antropólogo».
Conocimiento en acción
Sahagún aplicó la filosofía franciscana del conocimiento en acción. No se limitó a especular sobre los pueblos indígenas; se reunió con ellos, realizó entrevistas y buscó comprender su visión del mundo. Mientras otros debatían si los pueblos indígenas eran humanos y tenían alma, Sahagún se centró en conocer sus vidas, creencias y formas de entender el mundo. Aunque desaprobaba prácticas que interpretaba como sacrificios humanos e idolatría, dedicó cinco décadas a estudiar y documentar la cultura nahua.
La creación y el impacto del Códice Florentino
La obra maestra de Sahagún, El Códice Florentino, es ampliamente considerada como una de las fuentes de información más confiables sobre la cultura mexicana y el impacto de la conquista española. Un tesoro escondido de conocimientos etnográficos, arqueológicos e históricos, consta de 12 volúmenes y 2500 ilustraciones que documentan la vida y las creencias de los mexicas y otros pueblos nahuas.


Realmente titulado La Historia General de las Cosas de la Nueva España, esta obra fue creada por Sahagún en colaboración con ancianos, eruditos y artistas nahuas a lo largo de décadas. El códice está escrito en columnas paralelas de náhuatl y español, preservando tanto el conocimiento como el idioma. Tras su finalización en 1577, el manuscrito fue enviado a Europa, donde pasó a formar parte de la biblioteca de la familia Medici en Florencia, de ahí su nombre.
Choques con la Iglesia
Sahagún enfrentó la oposición de quienes creían que sus esfuerzos por documentar las culturas indígenas eran inapropiados, ya que podrían ayudar a preservar la religión indígena. Sus adversarios intentaron detenerlo por todas las formas posibles, lo que resultó en persecución intelectual y frecuentes traslados de una iglesia a otra.
La obra de Bernardino de Sahagún a menudo chocaba con el objetivo principal de la Iglesia de erradicar las creencias nativas. Su enfoque respetuoso contrastaba marcadamente con los métodos de conversión más agresivos favorecidos por los misioneros, que buscaban reemplazar rápidamente las creencias nativas con la doctrina cristiana.
Algunos miembros de la Iglesia creían que el trabajo de Sahagún podría, sin darse cuenta, alentar a los pueblos indígenas a aferrarse a sus prácticas tradicionales. Algunos consideraron que su documentación detallada de los rituales y deidades nahuas preservaba la misma idolatría que la Iglesia pretendía erradicar.


Redescubrimiento y reconocimiento moderno
La desconfianza de la Iglesia hacia la obra de Sahagún culminó con la confiscación de sus manuscritos. Aunque contaba con aliados que lo apoyaban, Sahagún nunca recuperó el control de sus documentos originales. Afortunadamente, estos manuscritos han sido publicados y traducidos desde entonces, lo que revela la profundidad de las contribuciones de Sahagún.
Las opiniones sobre la obra de Sahagún, controvertidas en su época, continúan cambiando en la actualidad. Mientras que una generación anterior de investigadores lo veía como un protoantropólogo impulsado por la búsqueda de conocimiento, los académicos contemporáneos se centran en el hecho de que era un misionero que veía las prácticas religiosas indígenas como algo que debía erradicarse. Los eruditos modernos también enfatizan la idea de que las fuentes de Sahagún eran élites nativas con sus propias agendas, brindándole información que probablemente estuvo influida por las circunstancias de la Conquista.
A pesar de estos debates, el trabajo de Sahagún y sus colaboradores es un recurso crucial para estudiar la historia de México. Sus registros detallados de la cultura nahua han proporcionado información invaluable sobre las vidas y creencias de los pueblos indígenas de México antes y durante el colonialismo español. Mientras que muchos de sus contemporáneos querían borrar por completo la cultura indígena, a través de su dedicación, Sahagún se aseguró de que sus historias fueran contadas.
Sandra Gancz Kahan es una escritora y traductora mexicana radicada en San Miguel de Allende que se especializa en salud mental y ayuda humanitaria. Ella cree en el poder del lenguaje para fomentar la compasión y la comprensión entre culturas. Se puede contactar con ella en: [email protected]



