Aumento de casos de chikungunya y circulación continua de oropouche: OPS solicita reforzar vigilancia y control vectorial en las Américas – OPS/OMS

Washington, DC, 29 de agosto de 2025 (OPS) – La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha pedido un fortalecimiento en la vigilancia, la gestión clínica y el control vectorial en respuesta a los brotes localizados de chikungunya. Estas y otras arbovirosis aumentan el riesgo de brotes, complicaciones y muertes en poblaciones vulnerables.
De acuerdo con una nueva alerta epidemiológica de la OPS, en 2025 los brotes más significativos de chikungunya se han concentrado en América del Sur, especialmente en Bolivia, Brasil y Paraguay, así como en algunas regiones del Caribe. Estos brotes están asociados a los genotipos asiático y de África Oriental/Central/Sur (ECSA), reflejando una evolución en los patrones observados desde 2014. Además, se han reportado casos en el Océano Índico, en áreas con condiciones favorables para la transmisión.
Hasta el 9 de agosto de 2025, 14 países de la región han informado 212,029 casos sospechosos de chikungunya y 110 muertes. Más del 97% de los casos se han concentrado en América del Sur. En 2024, se notificaron 431,417 casos y 245 defunciones, lo que indica una disminución en 2025, aunque se continúan registrando brotes focalizados activos.
Simultáneamente, en los primeros siete meses de 2025, se han reportado más de 12,700 casos confirmados de oropouche en 11 países de la región, incluyendo casos autóctonos en Brasil, Colombia, Cuba, Panamá, Perú y Venezuela.
A nivel global, el chikungunya ha circulado en África, Asia y el subcontinente indio durante décadas. Se detectó en Italia en 2007 y llegó a las Américas en 2013. Hasta mediados de agosto de 2025, se habían informado más de 270,000 casos en África, Europa, el sudeste asiático y el Pacífico occidental, incluyendo brotes en Senegal, Francia, India y China. En la isla Reunión, el brote iniciado en 2024 acumuló más de 47,500 casos confirmados.
En la región, el genotipo asiático predominó entre 2014 y 2017. Sin embargo, la presencia del genotipo ECSA en al menos cuatro países es preocupante debido a su cocirculación con el asiático y su posible adaptación. «Comprender los linajes genéticos del chikungunya es esencial para anticipar la dinámica de transmisión y guiar las intervenciones de salud pública», indicó la OPS.
El chikungunya mantiene un patrón estacional: en el hemisferio sur, los casos predominan en la primera mitad del año (época de lluvias), mientras que en Centroamérica, México y el Caribe tienden a aumentar en la segunda mitad. No obstante, en 2025, el aporte de estas subregiones ha sido bajo.
En cuanto al oropouche, su transmisión históricamente se ha concentrado en áreas de la Amazonía, pero en 2024 y 2025 se ha observado una expansión hacia zonas previamente no afectadas. Esta expansión subraya la necesidad de fortalecer la vigilancia, incorporando análisis espaciales y temporales, así como herramientas geoespaciales para detectar cambios en la distribución de los vectores y los casos.
El chikungunya es una enfermedad viral transmitida principalmente por el mosquito Aedes aegypti. Provoca fiebre alta, sarpullido, y dolor muscular y articular severo, que puede durar meses o incluso años y causar discapacidad. En algunos casos, puede derivar en manifestaciones graves como choque, meningoencefalitis o síndrome de Guillain-Barré, con un mayor riesgo de muerte en niños menores de 5 años, adultos mayores, embarazadas y personas con condiciones subyacentes. No existe un tratamiento específico, y la atención se centra en prevenir las picaduras.
Por su parte, el virus oropouche se transmite principalmente por el jejen Culicoides paraensis, aunque el mosquito Culex quinquefasciatus también podría estar involucrado. Provoca fiebre, dolor de cabeza y muscular, y en algunos casos, manifestaciones neurológicas. No existe vacuna ni antivirales específicos para este virus; el tratamiento es sintomático.
La OPS recomienda reforzar la detección oportuna de casos y eliminar criaderos de mosquitos en áreas de alto riesgo, como escuelas y centros de salud. También se sugiere mejorar el diagnóstico, especialmente en los primeros cinco días de síntomas, mediante pruebas moleculares como PCR, y capacitar al personal de salud para el manejo adecuado de casos agudos y crónicos.
En el caso del oropouche, se sugiere incluirlo en el diagnóstico de dengue en la primera semana de síntomas y considerar posibles complicaciones neurológicas en escalas posteriores, como meningitis o encefalitis. Hasta un 60% de los pacientes podría experimentar recaídas de síntomas. Por lo tanto, se recomienda monitorear los casos y realizar investigaciones en casos fatales.
La participación de la comunidad es clave para reducir la proliferación de mosquitos. Es fundamental promover el uso de repelentes y mosquiteros, así como adoptar estrategias intersectoriales. El control del Culicoides paraensis implica acciones específicas, como eliminar encharcamientos, rellenar o drenar cuerpos de agua temporales y desmalezar áreas alrededor de las viviendas para reducir los sitios de cría y reposo del vector.



