Real Oviedo: De «Pedja» a «Comandante» pasando por «el Mudo»: la llamativa historia de Morales, último fichaje del Oviedo
El fichaje parece tardío, fuera de las fechas usuales, pero en realidad casa muy bien con la historia de José Luis Morales (Getafe, 1987). El «Comandante» tiene unos números lustrosos en Primera tras una espléndida carrera pero esa oportunidad tardó en llegar. Morales era «Pedja», por Mijatovic, en sus inicios, fue conocido como «el mudo» por su discreción en el vestuario del Fuenlabrada y no llegó a Primera hasta los 27 años, cuando ya empezó la firma de «el Comandante». Ahora, el delantero busca alargar su magnífica carrera con el reto que le ofrece el Oviedo. Nunca es tarde si el final es bueno. Que se lo digan a él.
[–>[–>[–>Porque el destino parecía negarle a Morales el camino sencillo al mundo del fútbol. En realidad ya desde pequeño, porque su madre quería que tanto él como su hermano hicieran kárate. Solo llegó a cinturón blanco-amarillo cuando vio que no era lo suyo. Lo que le gustaba en realidad tenía más que ver con la pelota. De primeras, con el fútbol sala, disciplina de la que suele decir que quedan algunas trazas en su fútbol actual.
[–> [–>[–>Morales se crio en Getafe, en el seno de una familia humilde, y destacó en el Brunete, donde era conocido como Pedja, en referencia a Mijatovic, el delantero del Madrid al que idolatraba y siempre llevaba su sudadera madridista. Su sueño de entrar en el club blanco se frustró a los 10 años porque no le vieron el potencial suficiente. Pero Morales lo siguió intentando por el camino largo.
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Su peregrinaje por el fútbol amateur le llevó a Parla y Fuenlabrada. En ese segundo destino fue donde le cayó el sobrenombre de «el mudo», por su discreción dentro del vestuario. Y fue allí donde le llegó la oportunidad. Una curiosidad: el que le tendió el puente tiene relación con el Oviedo. Fue José Luis Mora, portero azul en los 90 y miembro de la secretaría técnica granota, el que le fichó. Buscaba un central pero se enamoró del descaro de Morales. Le convenció para ir al filial a pesar de que, con 24 años, no entraba en el cupo de los sub-23. Pero Mora lo tenía más que claro.
[–>[–>[–>Pero como el que la sigue la consigue, a Morales se le abrieron las puertas del profesionalismo donde otros quizás ya habrían desistido. Fue en 2013, cuando el Levante le cedió al Eibar, en Segunda. 26 años tenía. Fue titular y el equipo ascendió. Y entonces el Levante apostó de verdad por él. Ya en el primer equipo, Morales se hizo un hueco. No tardaría en llegar el apodo más famoso, el de «Comandante». Realmente fue autoimpuesto. Celebró ante el Rayo con el saludo militar como gesto de que, en un periodo convulso en el Levante, quería tirar del carro. Le ascendieron en el escalafón a «Comandante».
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En el Levante hizo historia. 377 partidos, 274 de ellos en Primera, 84 goles, años tan fructíferos como la 20/21 con 15 goles. Cifra que repitió en su paso por el Villarreal en la 22/23, cuando ya contaba con 35 años y tuvo que salir por cuestiones económicas. Después de Villarreal, volvió a Levante, aunque fue pitado los primeros meses -muchos le echaron en cara su salida- y tuvo que eliminar Twitter (ahora X) de su móvil por los insultos a él y a su familia. Pero a base de juego y goles logró recuperar todo aquel reconocimiento. Aquí otro detalle en su currículum que hará ilusionarse a la afición azul: ya tiene tres ascensos en Segunda, los logrados en el Eibar (13/14) y Levante (16/17 y 24/25). Ahora busca el cuarto. Queda demostrado que lo suyo es una historia tardía. Como su fichaje por el Oviedo.
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Fuente: La Nueva España



