Real Madrid | La 'bmv' no pasa la itv

Los Jugadores del Real Madrid Protestan Una Acción Arbitral A de Burgos Bengoetxea, Durante la Final de Copa de la Cartuja. / VALENTÍN ENRICH
A principio de temporada hubo un ‘profundo’ debate de siglas en el Real Madrid. La ‘BMV’ de Bellingham, Mbappé y Vinicius, con el añadido del celoso Rodrygo para determinadas carreras. Los símiles automovilísticos eran un modo de bautizar lo que se anticipaba como una temporada de éxitos magnánimos. Pero el flamante vehículo que iba a marcar época en el fútbol mundial no ha pasado ni la primera ITV. O lo que es lo mismo, la Inspección de Trabajo y Valores.
Al madridista de nuevo cuño, que ha basado su existencia reciente únicamente en ganar, se lo ha devorado la mística. Después de vilipendiar a Mbappé, acusándole de traidor mayor del reino, le abrió las puertas tras una presentación simbólica, en la que trajo una maqueta del Bernabéu. El mismo estadio que acabó pitándole y cargándole con las culpas de una aventura en la que primero no le dejaron ser conductor y después le pusieron al frente de un bólido si frenos.
Cuando se anuncian desafíos simbólicos, como el ‘heptatlón’ de títulos, y se visten del marketing más ramplón, como el de la ‘BMV’, el riesgo de salirse en la primera curva aumenta exponencialmente. Lo del Real Madrid 2024/2025 ha sido un siniestro total en toda regla y un ejemplo de resistencia frente al fútbol moderno de la Superliga y los ‘all-star’. La simple acumulación de piezas no sirve. Se puede circular a escape libre, pero el riesgo es alto.
El equipo blanco se puso el frontal más excelso del fútbol europeo. Mbappé, como el ‘espíritu del Éxtasis’ de un Rolls-Royce. Por lo menos, cuando el coche se presentó al inicio de temporada. Porque con el paso de los kilómetros se demostró que no existía tal liderazgo atribuido al francés, que se lo ha tenido que ganar en medio de la mediocridad de un grupo que se ha caído y que ha querido arrastrarle como chivo expiatorio.
Lamine Yamal y Jude Bellingham en la final de la Copa del Rey Barça-Madrid 2024/25 / Valentí Enrich
Del ídolo al odio, en una montaña rusa emocional en la que cierto sector del club se mueve, degradando el fútbol al mero resultado y a la continua repetición del palmarés. Nada que ver con otra, igual de numerosa, que conoce las tres décadas de sequía de la Champions y que, sin clase operaria que haga el trabajo de fontanería, este club es candidato a convertirse en un polvorín.
Causó mofa, y en parte es normal, que Courtois achacase la derrota contra el Arsenal por la ausencia de un delantero como Joselu. O que en reiteradas ocsiones se lamente la salida de un perfil como el de Nacho. Un rol similar al que podría desempeñar un Lucas Vázquez al que han tirado por el desfiladero. Porque el Real Madrid es un ‘sálvase quién pueda’ con filias y fobias exacerbadas.
Como las que provoca un Vinicius que protagonizó el primer dislate institucional del club que siempre había apostado por lo contrario. Como sigue haciéndolo con otras iniciativas, tal que su dedicación absoluta con las víctimas de la DANA. Sin embargo, en lo puramente deportivo ha permitido que los personajes que habitan su vestuario devoren el escudo que tanto besan y señalan en goles que este año han valido para poco.
Aunque también es cierto que los dedos han indicado más esta temporada al parche de las 15 Champions, que es lo mismo que poner la mano en el estómago lleno de un equipo para el que su última conquista europea llegó fruto de la dieta. La que provocó la inversión de Bernabéu, ahora convertido en otro foco de conflicto, o la espera por Mbappé. El único de la ‘BMV’ que este año ha entendido lo que supone ser parte desta marca.
El Real Madrid no ha pasado la ITV, Inspección de Trabajo y Valores, ni siquiera con Ancelotti, el mecánico que mejor homologa este tipo de piezas de lujo, pero a las que se le acaba pronto la garantía. Su sustituto, Xabi Alonso, es la antítesis del grupo que tendrá a sus órdenes. Un estajanovista que lo único que no negocia es el esfuerzo, la primera parada para que este equipo deje de ser esclavo de individualidades que apuntan a escudos, aficionados, clubes y contratos, pero a los que se las ha terminado la protección. No todas duran como la del hombro de Bellingham.



