“Nuestra respuesta está en nosotros”

Diez mil representantes de pueblos indígenas, quilombolas y otras comunidades se manifiestan para exigir demarcaciones y títulos de tierras
En la primera semana de la COP30, Belém se convirtió en el epicentro de protestas organizadas por pueblos indígenas, quilombolas y comunidades tradicionales que buscan elevar sus voces en los debates climáticos. Este evento ha reunido a cerca de diez mil representantes que claman por sus derechos y alertan sobre el impacto del cambio climático en sus territorios.
La Cumbre de los Pueblos, que inició el 12 de noviembre, comenzó con una impresionante manifestación acuática en la Bahía de Guajará, donde alrededor de 200 embarcaciones exigieron justicia climática. Esta acción sin precedentes durante la COP ha sido un símbolo de resistencia y unidad.
La movilización tuvo lugar tras la confirmación de Belém como sede de la COP30. Se organizaron caravanas y flotas, incluyendo la Flotilla Yaku Mama que llegó desde Ecuador, para protestar contra proyectos como Ferrogrão, que amenazan la Amazonía.
Ferrogrão es una infraestructura ferroviaria planificada para facilitar el transporte de granos, pero genera preocupación por su impacto ambiental y sobre los territorios indígenas.
El Consejo Indígena Tapajós y Arapiuns (Cita) subrayó que su acción al interrumpir el espacio de negociaciones climáticas busca romper el silencio y exigir una participación efectiva en decisiones que afectan sus vidas.
Demandas de los pueblos indígenas
Las demandas recogidas en la campaña La respuesta somos nosotros abarcan derechos territoriales, deforestación cero y financiamiento directo para los pueblos, entre otros. Kleber Karipuna, líder de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil, enfatizó la necesidad de demarcar y proteger los territorios indígenas como parte esencial de la lucha contra la crisis climática.
Las NDC de los pueblos indígenas y quilombolas buscan incluir sus propuestas en las políticas gubernamentales, resaltando su rol crucial en la conservación ambiental en Brasil.
Estudios han demostrado que los territorios tradicionales son vitales para la preservación del medio ambiente, con los pueblos indígenas protegiendo un tercio de los bosques de Brasil.
La lucha también incluye la protección de las mujeres, especialmente aquellas que enfrentan violencias extremas, como en el caso reciente de dos rompedoras de cocos asesinadas en Pará. El Movimiento Interestatal de Rompedores de Cocos de Babasú exige justicia y una atención especial a las mujeres en sus comunidades.
Con información de O Joio e O Trigo



