Un hombre crea su propio museo de consolas de los años noventa

¿Cuando alguien entra por primera vez en esta sala y ve todo lo que tengo? Creo que no hay una frase típica que digan todos, pero sí hay una reacción muy habitual, una expresión de asombro, una exhalación y quedarse mirando a todas partes». Quien habla es Luis, a quien hemos modificado el nombre a su petición para preservar su anonimato (luego explicaremos sus motivos), un andaluz que ha construido un pequeño museo del juego retro en su propio hogar yendo más allá de lo que uno puede esperar cuando alguien eleva su colección. «Me quedé en los 16 bits» Luis tiene cuarenta años, y contrariamente a lo que puede parecer, no le gustan los videojuegos. «A mí lo que me gusta es el videojuego retro. Nunca di el salto a los 32 bits, ni hablemos de los 64 o los 128. Las consolas más modernas que tengo en mi colección son la PlayStation y la Xbox originales, y son regaladas», dice a Xataka durante una entrevista por videollamada. Luis se ancló en los videojuegos antes de que llegasen los polígonos. Y a ellos dedica su colección, que ha mostrado puntualmente en algunos vídeos de su canal de YouTube, La Pantalla de Lava. «No tengo un inventario hecho, siempre digo que debería hacerlo pero todavía no me he puesto a ello. Sé que tengo veintidós consolas y entre 250 y 300 juegos. De lo que más juegos tengo es de la Super Nintendo, que son unos 120. De la Mega Drive, unos 30. Esas son mis consolas favoritas, y de sus juegos, me quedo con el Donkey Kong Country. Para mí es especial, lo considero el mejor de la historia. Es muy llamativo cómo se pudo hacer un juego así en esa época, fue perfecto», añade. Su colección, tal y como nos cuenta, comenzó hace trece años, cuando su mujer, entonces novia, le regaló una Mega Drive. A partir de ahí, sin la intención de realizar colección alguna, simplemente empezó a fijarse en posibles chollos en las tiendas de segunda mano. «Eso es algo que me hacía ilusión, un día al volver del trabajo pasar por una de esas tiendas y a lo mejor te encontrabas un juego de la Super Nintendo por un euro, o una Game Boy Micro por quince euros, y así fui haciendo esa pequeña colección». Una de las preguntas habituales que le hacen a Luis sobre su sala es la de cuánto le ha costado comprar todo eso, y ahí es donde entra un antes y un después en la compraventa de videojuegos. «Cuando empecé a coleccionar esto, los juegos retro eran muy baratos, hasta por 0,60 euros he llegado a comprar un juego. Pero desde hace unos años hay mucha especulación con ellos y los precios se han disparado. Llevo siete años sin comprar ninguno». Entre haber cogido esa época de los juegos retro baratos, regalos de su mujer o sus amigos, y haber comprado consolas averiadas para repararlas él mismo, el coste de su colección es mucho menor del que alguien podría esperar si se pone a hacer números. «No tengo hecho el cálculo, pero estimo que entre 2.000 y 3.000 euros me debo haber gastado en total, como mucho. Más de eso, sé que no. Lo más caro que he comprado ha sido la Sega Saturn en caja, me costó 35 euros», explica. Mega Drive, Sega Saturn, SNES, Xbox, PlayStation, Nintendo 64, Sega Saturn, NES, Game Cube, Super Famicom, Game Boy, Game Boy Color, Game Boy Advance… son algunas de sus posesiones en esta sala. En un principio, cuando vivía en su casa anterior, iba amontonando consolas y juegos en un armario, sin más cuidado. Pero tras comprar su casa actual, dado que tenía espacio disponible, decidió que una de las habitaciones tendría como fin la creación de esta sala. Y lo hizo creando él mismo hasta los muebles, con interruptores integrados para encender y apagar la alimentación de cada una de las consolas para no tener que andar tocando cables. El mueble tiene tres secciones. A la izquierda, la sección Sega. En el centro, los monitores. A la derecha, la sección Nintendo. Aparte de consolas y juegos en sus cajas originales, también tiene cartuchos a la vista y accesorios poco habituales, como la Game Boy Camera. Todas las consolas están conectadas al televisor usando varios hubs. El televisor, de hecho, está escogido para facilitar esta tarea. «Es un retroproyector de Sony de los 90. Es cierto que un CRT me daría más calidad de imagen para estos juegos, pero sería más complicado, porque no tienen las prestaciones que tiene el retroproyector, como las tres entradas RGB o la RCA, que es lo que me permite meter todas las consolas en una sola pantalla. Con un CRT tenía el tope en diez o doce consolas». Además, un CRT hubiera sido un factor limitante para el tamaño de la pantalla. «Es difícil encontrarlos de más de treinta y pico pulgadas. El retroproyector que tengo yo es de casi cincuenta. Al final es renunciar a una cierta calidad de imagen a cambio de tener todo integrado así», explica. Además.



