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Epidemiologista alerta que cigarros baratos, variedad de sabores y fácil acceso exponen a una nueva generación a la nicotina.

Desfase en el precio mínimo y fallas en la supervisión amenazan décadas de avances que convirtieron a Brasil en un referente internacional en el control del tabaco
Adolescentes pueden comprar cigarrillos en panaderías y mercados sin que nadie se los impida. Los trabajadores aún están expuestos al humo en entornos colectivos cerrados, como bares y oficinas. Según el epidemiólogo André Szklo, las investigaciones indican que la proporción de fumadores entre mujeres embarazadas ya no es muy diferente de la registrada entre mujeres que no están embarazadas, lo que es un indicador de la dependencia a la nicotina y las estrategias de la industria.
El escenario puede recordar a los años 1980, pero es el Brasil de hoy. Después de cuatro décadas de avances en el control del tabaco, los expertos ven signos de estancamiento y temen retrocesos.
Investigador del Instituto Nacional de Cáncer (Inca) y uno de los principales expertos en control del tabaco del país, Szklo afirma que el debilitamiento de las políticas públicas a lo largo de la última década interrumpió una trayectoria histórica. Entre 1989 y 2019, la proporción de fumadores en Brasil cayó de casi el 35% a alrededor del 12%, convirtiendo al país en un referente internacional en salud pública.
Sin embargo, datos del Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgo y Protección para Enfermedades Crónicas por Encuesta Telefónica (Vigitel), de la Encuesta Nacional de Salud (PNS) y de la Encuesta Nacional de Salud del Escolar (PeNSE) muestran que esa disminución se ha desacelerado, según afirmó el epidemiólogo en una entrevista exclusiva para The Joio. El Vigitel 2024 registró un aumento en la proporción de fumadores, pero un cambio metodológico impide afirmar con certeza la magnitud de este aumento. Para Szklo, la señal más importante es otra: el tabaquismo no está volviendo a disminuir.
En la evaluación del investigador, es necesario fortalecer las políticas públicas comprobadamente eficaces en la lucha contra el tabaco, como aumentos regulares de impuestos y del precio mínimo de las cajetillas. Entre 2016 y 2024, la falta de ajuste mantuvo el valor del paquete congelado en R$ 5 y convirtió al cigarrillo brasileño en uno de los más baratos y accesibles del continente.
Szklo también aboga por la implementación del Protocolo para Eliminar el Comercio Ilícito de los Productos de Tabaco, un acuerdo global negociado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ratificado por Brasil en 2018.
Otro problema es la supervisión. La venta de cigarrillos sueltos, dispositivos electrónicos para fumar y cualquier producto de tabaco a menores de 18 años está prohibida en Brasil, pero sigue siendo común. Lee la entrevista completa a continuación:
Con información de O Joio e O Trigo



