El desafío de China con la gestión de turbinas y paneles solares usados, a pesar de ser líder en energías renovables.

China se enfrenta a un gran desafío en el ámbito energético: cómo lidiar con la gran cantidad de residuos tecnológicos que se generarán en los próximos años. La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC) de China, junto con otras agencias estatales, ha publicado directrices para acelerar el reciclaje de equipos eólicos y fotovoltaicos que han alcanzado el final de su vida útil. El país se está preparando para lo que prevén será un «desmantelamiento masivo de equipos» y espera tener un sistema de reciclaje maduro para finales de la década.
El NDRC busca establecer estándares y reglas industriales que detallen cómo cerrar, desmantelar y reciclar instalaciones renovables. Se espera que los fabricantes diseñen equipos fáciles de desarmar y reciclar, y los operadores de energía serán responsables de desmontar los equipos una vez que hayan cumplido su función. Los desperdicios no podrán ser enterrados en vertederos, por lo que se plantea que los fabricantes ofrezcan servicios de reciclado o se asocien con empresas especializadas en ello.
El reto es significativo. Se prevé que para 2030 China deberá reciclar alrededor de 1,5 millones de toneladas métricas de residuos, cantidad que aumentará a unos 20 millones de toneladas en las próximas décadas. Además, estimaciones de Greenpeace indican que para 2040 el país retirará alrededor de 250 GW de capacidad solar y 280 GW de generación eólica.
Este problema no solo ocurre en China, sino a nivel internacional. La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) estima que los residuos acumulados de instalaciones fotovoltaicas pasarán de 0,2 Mt en 2021 a 4 Mt en 2030, 50 Mt en 2040 y más de 200 Mt en 2050 a nivel mundial.
La industria de las renovables lleva tiempo buscando estrategias efectivas para reciclar sus equipos. Han surgido ideas como extraer metales raros de los generadores, reutilizar las palas para crear mobiliario urbano o incluso recuperar compuestos para la fabricación de alimentos. El objetivo es evitar que se conviertan en un problema ambiental una vez que han alcanzado el final de su vida útil.
China se ha marcado el objetivo de alcanzar las cero emisiones netas de carbono en 2060 y reducir su dependencia del carbón, y para ello ha impulsado fuertemente las energías renovables. Sin embargo, se enfrenta al desafío de gestionar los residuos generados por estas instalaciones. El país está trabajando para establecer un sistema de reciclaje eficiente y cumplir con sus objetivos ambientales.



