Arturo Pérez-Reverte (74 años), sobre los videojuegos: «Un jugador sereno que lo asuma sin patologías puede sacar unos rendimientos extraordinarios que no vas a aprender en la vida real»

Durante mucho tiempo, los videojuegos han tenido que convivir con numerosos prejuicios, especialmente entre quienes los consideran un entretenimiento exclusivo de niños y adolescentes. Sin embargo, la realidad es muy diferente y cada vez son más las voces que reivindican el valor cultural y educativo de este medio. Una de ellas es la de Arturo Pérez-Reverte, que a sus 74 años ha sorprendido al hablar abiertamente de su afición por los videojuegos y de todo lo que considera que pueden aportar a quienes disfrutan de ellos.
[–>[–>[–>El escritor español ha sido protagonista de algunas entrevistas en «The Wild Project», el conocido podcast presentado por Jordi Wild, donde ha compartido algunos detalles sobre su relación con este entretenimiento. Lejos de ser un aficionado ocasional, Pérez-Reverte reconoce que lleva muchos años jugando: «Yo siempre he jugado. Nunca he sido un fanático». Entre sus títulos favoritos destaca especialmente Silent Hunter, un simulador de submarinos en el que, según sus propias palabras, ha hundido «muchos barcos aliados despiadadamente».
[–> [–>[–>Arturo Pérez-Reverte, este martes durante la presentación de su nueva novela sobre el capitán Alatriste, ‘Misión en París’, / Rodrigo Jimenez – EFE
[–>[–>[–>
Su experiencia como corresponsal de guerra también ha influido en sus preferencias. El autor de «Las aventuras del capitán Alatriste» asegura que ha jugado prácticamente a todas las entregas de Call of Duty, una franquicia que le permite trasladar parte de sus conocimientos profesionales a un entorno virtual. «Para mí, es un mundo que yo conocí. Sé moverme en una ciudad en guerra. Es curioso para mí usar mis conocimientos de la realidad en el juego», explica durante la conversación.
[–>[–>[–>
Pero su afición no se limita a los videojuegos bélicos. Pérez-Reverte también demuestra conocer algunas de las franquicias más populares de la industria, como Resident Evil, Metal Gear, Tomb Raider o Super Mario. De hecho, no duda en bromear sobre sus preferencias por algunos de sus personajes: «La Princesa Peach y yo somos íntimos amigos, pero es un poco sosa. A mí me va más Lara Croft y Jill Valentine, son más chicas de mi territorio».
[–>[–>[–>
Arturo Pérez-Reverte. / EFE
[–>[–>[–>
Más allá de sus gustos personales, el escritor considera que los videojuegos pueden convertirse en una herramienta muy interesante para descubrir otras disciplinas. Uno de los ejemplos que menciona es God of War, una saga que utiliza elementos de la mitología y la cultura clásica para construir sus historias. En su opinión, este tipo de experiencias pueden despertar la curiosidad de los jugadores y animarlos a investigar por su cuenta para comprender mejor aquello que aparece en pantalla.
[–>[–>[–>
«Lo bueno que tienen los videojuegos buenos es que obligan a completarlos con actividades extrajugadoras: lees, te informas, miras, los contextualizas», explica. Para Pérez-Reverte, God of War representa «una manera espectacular de entrar en el mundo clásico», demostrando que el entretenimiento interactivo también puede servir como punto de partida para adquirir nuevos conocimientos.
[–>[–>
[–>El escritor tampoco ignora los posibles inconvenientes de esta afición. Reconoce que abusar de los videojuegos puede provocar problemas físicos, alterar los hábitos de sueño o favorecer el aislamiento. Incluso menciona el acoso que puede producirse en algunas comunidades online, poniendo como ejemplo el entorno de League of Legends. Sin embargo, considera que estos riesgos no deberían eclipsar las posibilidades que ofrece el medio cuando se disfruta de forma responsable.
[–>[–>[–>

Arturo Pérez-Reverte en su intervención en ‘The Wild Project’. / The Wild Project
[–>[–>[–>
De hecho, Pérez-Reverte destaca que determinados géneros pueden ayudar a desarrollar capacidades que después resultan útiles fuera de la pantalla. Los juegos de acción requieren reflejos y coordinación, mientras que los títulos de estrategia obligan a gestionar recursos, planificar movimientos y tomar decisiones. También pone como ejemplo Los Sims, donde los jugadores deben construir ciudades, administrar dinero y organizar diferentes elementos para alcanzar sus objetivos.
[–>[–>[–>Finalmente, el escritor resume su postura con una reflexión que reivindica el potencial de los videojuegos más allá del entretenimiento: «Un jugador sereno que lo asuma sin patologías puede sacar unos rendimientos extraordinarios que no vas a aprender en la vida real». Una declaración con la que Pérez-Reverte se suma a quienes defienden que jugar no tiene por qué ser una pérdida de tiempo y que, utilizado con moderación, este medio puede aportar mucho más de lo que todavía reconocen algunos de sus detractores
[–>[–>[–>



