El gobierno de Lula reinicia las ayudas a los agricultores que desean abandonar el cultivo de tabaco.

La disminución de fumadores y el auge de los cigarrillos electrónicos presionan la producción de tabaco a largo plazo, aunque los pequeños agricultores aún luchan por encontrar cultivos alternativos rentables.
El gobierno de Lula ha lanzado oficialmente la Política Nacional de Alternativas en Áreas Cultivadas con Tabaco (PNACT), una iniciativa destinada a apoyar a pequeños agricultores en la transición hacia nuevos cultivos. Después de un retraso de casi dos años desde su anuncio, el ministro Paulo Teixeira del Ministerio de Desarrollo Agrario y Agricultura Familiar (MDA) firmó la orden para iniciar el PNACT. La política contará con lineamientos técnicos listos para finales de 2024.
Implementada a través de un proyecto piloto, la PNACT busca beneficiar a 300 agricultores en tres regiones productoras de tabaco del sur de Brasil. La Agencia Nacional de Asistencia Técnica y Extensión Rural (Anater) está preparando una convocatoria para seleccionar entidades que apoyen a las familias involucradas. El objetivo es asegurar una transición productiva sostenible para estos agricultores, ante la disminución de la demanda global del tabaco, influenciada por políticas de control y la aparición de dispositivos electrónicos para fumar.
A lo largo de los años, se ha observado que al menos 98,000 agricultores han dejado de cultivar tabaco en las regiones Sur y Nordeste, aunque las cifras sobre su situación actual son inciertas. Aunque la producción mundial de tabaco ha disminuido cerca del 10% en el periodo de 2005 a 2023, persiste una falta de datos oficiales concretos más allá de los reportes del sector.
Pese a que el tabaco continúa siendo atractivo para muchos productores debido a su rentabilidad, el MDA planea lanzar el Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (Pronaf), facilitando créditos y recursos para cultivos alternativos, así como apoyando prácticas agroecológicas.
Una llegada tardía
El PNACT representa una promesa cumplida desde 2005, cuando Brasil ratificó el Convenio Marco para el Control del Tabaco. Sin embargo, ha llegado con un retraso significativo, ya que el lanzamiento se había anunciado en conferencias internacionales hace tiempo. La política, finalmente activa, busca abordar los desafíos que enfrentan los productores de tabaco en un mercado en cambio constante.
Con información de O Joio e O Trigo



