En ‘The Refuge Plays’, Nicole Ari Parker regresa a casa

Hablamos durante el desayuno a la mañana siguiente, en un restaurante cerca del departamento que Parker, de 52 años, usa mientras filma “And Just Like That…”. Debido a la huelga de SAG-AFTRA, Parker se negó a hablar sobre ese proyecto o cualquiera de sus trabajos anteriores en cine y televisión. (Se refirió, de refilón, a la serie de Showtime “Soul Food” como “el programa donde conocí a mi marido”, el actor Boris Kidjo, “del que no podemos hablar”). Al otro lado de la mesa, parecía sin edad, y sin esfuerzo elegante. Llevaba un sombrero, una bufanda, dos collares, dos relojes, cinco anillos y una pulsera y, sin embargo, de alguna manera parecía como si simplemente se hubiera despertado así.
Mientras tomaban café y tortillas, habló, con pasión y precisión, de su amor por el teatro y de los secretos que el maquillaje antiedad puede revelar. Estos son extractos editados de la conversación.
¿Cuándo supiste que te encantaba actuar?
A una edad muy temprana. Y estoy realmente molesto con Dios porque no me dio voz para cantar. Porque, en mi cabeza, he sido una estrella musical de Broadway desde que nací. Veía a Shirley MacLaine en “Sweet Charity” una y otra vez. Veía a Judy Garland en “Ha nacido una estrella” una y otra vez. Entré en la Universidad de Nueva York para estudiar periodismo. Pero en el segundo semestre recuerdo que llamé a mi papá y le dije que quería transferirme a Tisch. La Universidad de Nueva York es muy cara. Mi papá pagó mi matrícula universitaria. Y él dijo: “No puedes rendirte. Estás a punto de entrar en el negocio del no. Y hay que seguir adelante. Y hay que ser fuerte”. Siempre lo llevo en mi corazón.
¿Cuál fue tu formación?
Fue bastante completo: voz, movimiento, estudio de escena. Pero mientras estudiaba Shakespeare, no iba a interpretar a Julieta. Interpreté a la criada en “Las zorritas”. Interpreté todos estos pequeños papeles subordinados en las obras clásicas. La tristeza que rodea a la discriminación es que falta humanidad. Falta que si tú y yo salimos ahora mismo de este café y hay tormenta, los dos nos vamos a mojar por igual bajo la lluvia. El sol no discrimina, como tampoco lo hace el amor, la pérdida, la muerte, el dolor, la alegría. Todos tenemos esas cosas que se encuentran en estas hermosas obras clásicas. Entonces tú y yo podríamos ser candidatos para un papel. No se trata de limpiar o ignorar la diversidad. Se trata de ¿qué aporta? ¿Y qué no añade? Lo que simplemente es.


