Ciencia y Tecnología

Sin tierras raras chinas, la cadena de suministro militar de EE. UU. enfrenta inestabilidad.

Estados Unidos es una de las principales potencias militares del planeta, y su músculo bélico no solo se alimenta de dinero, sino que también requiere algo más: tierras raras. Ahí es donde entra en juego su antagonista geopolítico, China, que controla la producción de estos recursos. Estados Unidos se está dando cuenta de que quienes fabrican sus armas tienen dificultades para encontrar proveedores que no sean chinos.

Esto está provocando una nueva guerra, la de los imanes, y afecta a toda la cadena militar estadounidense, desde las balas hasta el caza más caro de la historia.

Tierras raras. Sí, otra vez. Las “tierras raras” son un término peculiar porque ni son tierras, ni son raras. Se trata de un conjunto de 17 elementos que están presentes en todo el mundo, aunque su procesado es complicado y contaminante, lo que llevó a que su procesamiento quedara en manos de China, país que domina su producción.

¿Hasta qué punto? Depende del material, pero se estima que China produce alrededor del 90% de las tierras raras refinadas, así como aproximadamente un 94% del galio y un 83% del germanio, esenciales para industrias como la militar. También controlan la producción de aluminio y acero.

Puñalada donde duele: armas. Dentro de las tierras raras, un componente crucial son los imanes. Se utilizan en diversas industrias, como la del audio, la de las energías renovables y la industria militar.

Cazas de combate, misiles balísticos guiados, drones y gafas de visión nocturna requieren ciertos tipos de imanes. Con China controlando lo que exporta y su posible uso militar, los fabricantes de armas y sistemas para Estados Unidos deben buscar alternativas, lo cual no es barato.

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Tierras raras china

Este gráfico muestra el enorme poder de China en el segmento de los metales de tierras raras

Precios disparados. Se ha publicado un artículo que detalla cómo un fabricante de piezas para drones militares enfrenta la escasez de tierras raras chinas, lo que los obliga a retrasar pedidos hasta dos meses por la falta de fuentes viables de imanes fuera de China.

En el artículo se menciona que estos materiales necesarios para la industria bélica se están vendiendo a precios cinco veces superiores al habitual. Aunque los países y empresas suelen tener un stock de emergencia, algunas ya lo están agotando y, para mantener el ritmo de entregas, se espera una mejora en el flujo de materiales en la segunda mitad de este año.

Caso: el caza más caro de la historia. Uno de los productos más destacados y polémicos de la maquinaria militar reciente de Estados Unidos es el Lockheed Martin F-35. Este caza es el más caro de la historia, y su coste ha sido motivo de críticas incluso por parte de figuras políticas. Solo el casco del piloto cuesta 400.000 dólares, y la estimación inicial del coste por avión supera los 100 millones de dólares.

Entre sus componentes, el caza incluye unos 400 kilos de imanes de tierras raras, lo que lo llevó al centro de atención hace unos meses. Se ha señalado que la dependencia del comercio de tierras raras chinas es crítica, y los precios en aumento, resultado de las restricciones comerciales chinas, han llevado a que otras fuentes de samario ofrezcan el material a un precio 60 veces más alto que el estándar.

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Más allá del F-35. A los problemas con imanes y tierras raras se añaden las restricciones a la exportación de germanio, galio y antimonio. China ha limitado el acceso a estos materiales clave para varias soluciones militares, como proyectiles endurecidos o sistemas de visión infrarroja.

¿Situación? Pánico. Ante esta crisis, Estados Unidos, Europa, Japón y otros países buscan desesperadamente yacimientos de tierras raras o formas alternativas de obtenerlas. Sin embargo, el proceso de obtención es complicado y, por el momento, deben seguir comprando a China lo que esté disponible, ya que muchos elementos son tan específicos que no pueden producirse de forma rentable en Occidente.

Todo apunta a que China tiene el control sobre las tierras raras. El Pentágono exigió que los contratistas de defensa dejen de comprar imanes de tierras raras de origen chino antes de 2027, pero algunas empresas han acumulado reservas, mientras que otras más pequeñas no han tenido esa oportunidad.

Los papeles. Además, no es solo que Estados Unidos no quiera comprar a China; este último también ha empezado a exigir más documentación a las empresas occidentales que buscan sus tierras raras. La empresa estadounidense eProppelled, fabricante de motores para drones, se enfrentó a esta situación recientemente. Al adquirir imanes a su proveedor chino, se le solicitaron formularios oficiales que requerían planos, imágenes de productos y una lista de los clientes finales.

Entre los clientes de eProppelled hay empresas civiles y militares, y al negarse a firmar, el proveedor chino canceló el envío. Se señala que las empresas con fines civiles son más fáciles de aprobar, mientras que las que buscan usar materiales para fines militares o aeroespaciales enfrentan más complicaciones.

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Mercancía comprometida. Es comprensible que, siendo el producto de origen chino, ellos decidan a quién se lo venden. Estados Unidos hace lo mismo con sus empresas, pero hay situaciones peculiares. Un proveedor estadounidense de defensa tenía planeado mover 55 toneladas métricas de antimonio de Australia a una fundición en México, pero el envío fue detenido en el puerto chino de Ningbo durante tres meses. Cuando fue liberado, se condicionó su regreso a Australia y no a Estados Unidos. Al llegar, la empresa se encontró con que el paquete había sido abierto y evalúan si ha sido manipulado o contaminado.

Esta situación evidencia que la guerra comercial es un tira y afloja entre las dos potencias más importantes. El problema es que casi todas las ramas tecnológicas occidentales dependen de China.

Imágenes | SAC Tim Laurence/MOD, Tobias Meints

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