Tres motivos para no perderte la temporada final.

You ha trazado un camino intrigante en Netflix. Comenzó como un relato sobre un asesino que parecía salirse con la suya y ha evolucionado a lo largo de sus siete temporadas con tramas cada vez más complejas. Joe Goldberg (Penn Badgley) ha dejado Nueva York, arrastrando un asesinato, y ha viajado a Los Ángeles, París y Londres, intensificando su brutalidad y audacia. Esta narrativa ha convertido su serie de obsesiones y crímenes en una mezcla única de carisma y oscuridad.
En este viaje, Joe ha cambiado de identidad, explorando diferentes facetas, desde un tímido librero hasta un esposo y padre en busca de estabilidad. Sin embargo, su matrimonio con Kate Lockwood (Charlotte Ritchie) solo parece una pausa en su caída. La serie nunca sugiere redención; más bien, la temporada final se centra en que Joe, un asesino sin remordimientos, finalmente enfrente su destino.
Esta culminación es satisfactoria para los fanáticos, quienes ven a Joe descubierto y vulnerable. Los nuevos capítulos marcan el cierre de una historia iniciada en 2018, llevándonos de regreso a Nueva York, específicamente a Mooney’s, el centro del primer capítulo de la serie. Joe, ahora un padre amoroso, se enfrenta a sus viejas tentaciones, revelando que el monstruo dentro de él no puede ser contenido.
De vuelta a Nueva York
La temporada final también representa un retorno al origen de Joe. Este cambio de escenario provoca que recaiga en sus vicios mientras trata de proteger a Kate, lo que sirve como la excusa perfecta para justificar sus actos violentos. La serie logra redescubrir la esencia de su premisa, mostrando a un Joe que pastorea entre la violencia y la normalidad.
Un final justo para un personaje odioso
Seguramente uno de los puntos más altos de esta temporada es cómo se ejecuta el castigo de Joe, evidenciando su culpa en cada uno de sus crímenes. La serie reserva sus mejores momentos finales, proporcionando una conclusión que satisface el deseo de justicia por su naturaleza violenta, reafirmando que, aunque los villanos a veces ganan, su hora siempre llega.


