Lo que nunca deberías tocar al hospedarte en un hotel, según una experta en limpieza.

El hotel ideal debería ser un oasis de confort, descanso y buena higiene. Sin embargo, tras esa cama bien hecha y ese baño reluciente, hay rincones y objetos que no siempre reciben la atención adecuada del personal de limpieza.
Una especialista en higiene doméstica, Jill Koch, ha centrado su atención en esos elementos sospechosos que, aunque pasan desapercibidos, podrían estar acumulando bacterias desde hace varias estancias. La regla es clara: si no se puede garantizar que se limpia con regularidad, es preferible no utilizarlos.
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Desde cojines decorativos hasta los vasos de cortesía, la experta advierte que hay objetos con más historia de la que nos gustaría. No se trata de ser paranoico, sino de saber dónde evitar posarse con la cara, la boca o incluso el cava. Así lo ha comentado en una entrevista.
Los cojines de adorno, esos que adornan butacas y sofás, son uno de los primeros sospechosos. Según la experta, rara vez se lavan, lo que los convierte en un reservorio de bacterias con el historial de decenas de huéspedes anteriores.
La cubitera de hielo (cuando está presente), aunque glamorosa, plantea inquietudes similares. A menos que venga con una funda de plástico desechable, su uso puede ser arriesgado, especialmente si no hay certeza de que ha sido correctamente higienizada entre estancias.
Los vasos de cristal tampoco se salvan. Aunque brillen, a menudo no pasan por el lavavajillas. Restos de huellas, marcas o incluso olor a pasta dental son indicios de que tal vez solo se han enjuagado por encima, sin una desinfección efectiva.
Los dispensadores de jabón y champú, diseñados para reducir residuos, pueden ser débiles si no se limpian a fondo. La recomendación es clara: llevar los propios productos de casa para evitar contacto con posibles contaminantes ocultos en sus boquillas.
Máquinas de café y batas también están en la lista de riesgos. La primera por su dificultad de limpieza; la segunda, porque a veces simplemente se vuelve a doblar para el siguiente huésped. La lógica es sencilla: si no puedes confirmar que se lavó, es mejor ni tocarlo.
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