Feggy Ostrosky investiga cerebros criminales y fomenta la empatía.

Desde temprana edad, la doctora en Neuropsicología por la Universidad Northwestern y en Biomedicina por la UNAM, Feggy Ostrosky comprendió que el cerebro humano puede ser un enigma profundo.
Tres décadas después, esa inquietud la llevó a investigar sobre criminales como Juana Barraza (La Mataviejitas), Daniel Arizmendi (El Mochaorejas) y Andrés Mendoza (El Caníbal de Atizapán).
Observó que las emociones —miedo, ira, alegría— no se activaban en aquellos que no sentían culpa alguna.
“Así comprendí que existen dos tipos de psicopatía: la innata y la que se desarrolla por el odio”, comentó Ostrosky.
Descubrimientos en el ámbito extremo
En el caso del Caníbal de Atizapán, Ostrosky determinó que su psicopatía era congénita, resultado de una desregulación química más que de un trauma visible.
Respecto a La Mataviejitas, una víctima convertida en perpetradora, señaló que su violencia brotó del odio hacia su madre y de una fantasía de venganza: cada mujer mayor asesinada simbolizaba a quien le robó su infancia.
Aunque los psicópatas no activan normalmente áreas del cerebro relacionadas con la empatía, pueden “simular” empatía al plantearles: “¿Imagínate que te ocurre a ti?”.
Esto evidenció que la empatía se puede aprender.
Iniciativas para enseñar empatía
Ostrosky también creó un programa de intervención para niños en albergues, víctimas de abuso y violencia extrema.
El propósito es ayudarlos a reconocer emociones, como miedo o angustia, y redirigir sus procesos mentales hacia la sensibilidad.
Además, ha escrito más de 30 libros y 350 artículos científicos, logrando el nivel III del Sistema Nacional de Investigadores.
Ciencia y maternidad
Ostrosky es madre de tres hijos —Alejandro, Alan y Arela— y desde el comienzo ha equilibrado la lactancia, reuniones académicas y experimentos en el laboratorio.
“Amamanté durante nueve meses y los llevaba conmigo al trabajo… Sentía culpa, pero también orgullo”, comparte.
Hoy, su mayor logro no es solo el conocimiento adquirido, sino los científicos y estudiantes que ha formado. “Cuando me preguntan sobre mis mayores logros, siempre respondo: mis alumnos”.
Con información de Milenio



