Delincuentes en Sonora buscan redimirse durante la cuaresma

Las redes del crimen organizado han alcanzado prácticamente a todos los pueblos originarios en México, según antropólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Un ejemplo ocurre en Sonora durante la cuaresma con los ritos de los fariseos o chapayecas, un sincretismo de los usos y costumbres con la religión católica, donde muchos jóvenes que han sido reclutados por la delincuencia aprovechan los ritos para expiar sus pecados cometidos al servicio del narcotráfico.
La región del Valle del Yaqui, donde se encuentran los ocho pueblos originarios, está ubicada entre Guaymas y Cajeme, dos de los municipios más violentos del noroeste del país y una de las zonas más cruentas del mundo, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, donde se reportan levantones, enfrentamientos armados, narcolaboratorios y altos niveles de venta de droga al menudeo, principalmente la metanfetamina.
Agustín, de 23 años, lleva más de una década participando cada cuaresma en las peregrinaciones de los fariseos en Hermosillo, donde hace más de 100 años migraron decenas de familias yaquis que han continuado con sus tradiciones en la ciudad. Desde hace tres años, Agustín ha estado vendiendo mariguana y crystal para mantener su adicción, excepto durante los 40 días que dura la Cuaresma.
«Es difícil porque, además de la maliya (síndrome de abstinencia), a la maña no le gusta que paremos el tiradero, pero, como nos ven en la manda, nos dejan ser, pero sabemos que debemos regresar, no podemos hacernos los vivos», reveló Agustín.
EL RITO PARA EXPIAR FECHORÍAS
Como él, hay decenas de jóvenes en las comunidades indígenas yaqui de las ciudades de Guaymas, Ciudad Obregón y Hermosillo, así como en los ocho pueblos que son Loma de Guamúchil, Bácum, Tórim, Vícam, Pótam, Ráhum, Huirivis y Belem, que han sido reclutados por el narco como vendedores de droga, punteros, gatilleros o halcones.
Los jóvenes yaqui que participan en los ritos de la Cuaresma como chapayecas llevan máscaras hechas con madera y piel de cerdo o chivo, las cuales tienen que ser feas porque son una personificación de la maldad y de los pecados que buscan expiar en la manda de 40 días.
Al final del rito son rebautizados y sus fechorías son perdonadas; entonces queman la máscara el Sábado de Gloria de la Semana Santa.
Por su condición de pueblo originario, el territorio yaqui tiene autodeterminación con un gobierno tradicional formado por ocho gobernadores, uno para cada pueblo. Sin embargo, debido a su ubicación geográfica junto al Mar de Cortés y a 400 kilómetros de la frontera con Estados Unidos, en el territorio indígena ocurre todo tipo de actividad criminal.
Agustín narró que entre sus compañeros que participan este año como fariseos, hay gatilleros, halcones, punteros y narcomenudistas. En celebraciones anteriores participaron otros amigos suyos, quienes hoy están desaparecidos por grupos criminales afines a los cárteles de Sinaloa y de Caborca, como los Salazar, La Plaza, La Chapiza, Los Beltrán o Chapo Trinis.
Recientemente, en un operativo en Punta Chueca, una comunidad costera del municipio de Hermosillo, se desmanteló un invernadero de mariguana hidropónica, aprovechando el territorio indígena como ruta del narcotráfico hacia Arizona en EU.



