Colin Farrell cambia de registro y se adentra en el género noir

Las historias de detectives suelen tener un conflicto muy parecido entre sí, especialmente cuando se centran en un personaje con un pasado turbulento en busca de redención mientras resuelve un crimen complejo. La serie «Sugar» no innova en la narrativa, pero profundiza en su premisa de manera interesante, mostrando cómo evoluciona hacia una trama más intrigante de lo que parece.
Protagonizada por Colin Farrell, la serie de Apple TV+ es un experimento bien logrado en la mezcla de géneros y en la exploración de los procedimientos habituales desde un enfoque único. El personaje principal de la serie puede ser varias cosas a la vez, todas sorprendentes.
La trama comienza con secuencias en blanco y negro que presentan un escenario sombrío en Tokio, donde el personaje de John Sugar profundiza en sus dilemas. A través de una voz en off, se revela su amor por el cine y su instinto para seguir pistas, contrastado con su rechazo a la violencia física.
La serie plantea interrogantes desde el inicio, generando una sensación de confusión a medida que avanza hacia Los Ángeles. Se destaca la bondad de Sugar y su dedicación al cine, así como su situación neurológica no del todo aclarada. Todo esto contribuye a crear un ambiente de misterio alrededor del protagonista.
Sugar
Sugar puede parecer, en sus primeros capítulos, la típica historia de un detective en busca de redención. Solo que no lo es. El argumento juega con inteligencia con los clichés del género, para narrar una historia que se hace más compleja e impredecible a medida que avanza. Sobre todo, gracias a Colin Farrell y su actuación como el personaje titular, llena de matices y de una extraña ambigüedad.
La serie «Sugar» juega con las expectativas del espectador sin revelar todas las respuestas de manera inmediata. A medida que se desarrolla, invita a la audiencia a convertirse en investigador, desentrañando los secretos de John Sugar y cuestionando su percepción de la realidad.


