La controvertida novela francófona acusada de ser escrita con inteligencia artificial: ni un exilio ni un refugio

Lunes 21 de septiembre. El escritor Thélyson Orélien recoge el Premio Fnac de novela por su flamante ‘C’était ça ou mourir’ (‘Era eso o morir’). El mismo día, una cuenta anónima de X con apenas 92 seguidores (ahora tiene casi 9.000) lo acusa de haber escrito su primera novela con IA. El tuit superaba los tres millones de vistas.
Y ahora tenemos delante el dilema. Por un lado, una de las novelas del año, con premios, listas de honor, traducciones en cadena y elogios a corrillo. Su autor es un exiliado haitiano que cuenta el calvario migratorio y señala con el dedo a la política de Trump. Pero hay demasiadas metáforas de abuelas que se parecen al arroz, demasiado final de párrafo con moraleja y mucha musicalidad de catálogo. Y los puñeteros correctio (ese «no es X, es Y»), cuyo uso encabeza la lista de sospechosos. ¿Entonces?
Quién es el acusado
Orélien tiene 38 años. Nació en Haití en 1988 y llegó a Quebec en 2010. Y este no es su primer libro: publicó poemarios y un ensayo sobre racismo y memoria. ‘C’était ça ou mourir’ narra la huida de Jonas Dorléon, profesor de historia de Puerto Príncipe, que escapa de las bandas y cruza doce países, Darién incluido, hasta Canadá. Vende unos 35.000 ejemplares, tiene ofertas de traducción a unas veinte lenguas y compite por el Goncourt, el Médicis, el Femina y el Renaudot. Ahí es nada.
Las pruebas

«No era todavía un exilio. Tampoco un refugio. Más bien un umbral». «No doblado. No asfixiado. Solo escondido bajo la ropa». «No intacto. Ni orgulloso. No del todo». Estas son algunas de las aforísticas pruebas recogidas que, al parecer, evidencian lo evidente. El usuario Alphaleer en Babelio dice que es una «lástima que el libro entero esté escrito con… inteligencia artificial. Da la impresión de ser bonito, pero es vacío». En Facebook, el autor Fabrice Colin señala «tics estilísticos cuando menos descalificadores».
Este criollismo impostado y tics de estilo son lo más criticado: «La libertad no tiene frontera, sino cadencia». «La lluvia golpeaba la lona como un ejército de mosquitos con esteroides». «La normalidad es un milagro repetido hasta el infinito». Medios como Radio-Canadá, quienes lo premiaron en 2012, han elaborado mapas comparando todo lo publicado en su carrera, usando las herramientas de traducción de DeepL, en una carrera de hallazgos de plagios hasta lo que el propio autor considera como un acto de acoso.
Qué dice Pangram
La cuenta se llama Balance ton Claude, por el asistente de Anthropic, y nació en junio. Usa Pangram, el popular detector estadounidense. Veredicto: 100 % IA en casi todos los pasajes. Otra gente repite la prueba y saca las mismas conclusiones. Con la novela entera (64.103 palabras), el resultado es un 94% de IA. Otro medio francés obtuvo entre 95 y 100%. Lucide, un detector francés, coincide. Contrapeso: InVID-WeVerify juzga los mismos pasajes como «muy probablemente humanos». Siete detectores más dan resultados dispares.
Para los defensores a capa y espada de los detectores de IA como Pangram, un apunte: es tan fácil como pedirle al modelo que le engañe introduciendo fallos sintácticos y alguna que otra ida de olla. Necesitamos un árbitro que arbitre, no un verbo descolocado para que sirva de marca de agua, una especie de carta perfumada para los auditores. Porque lo que tenemos ahora es un escáner de retina leyendo la retina de un muerto.
Los veinte falsos positivos
Hagamos un ejercicio rápido: la tasa de falsos positivos de Pangram es 0,0041%. Qué listo es el jodío. Se analizaron veinte pasajes (sesgo de selección, que además actúa de refuerzo positivo), pero claro, todos los pasajes que analiza salen del mismo libro: si el detector tropieza con un solo rasgo del autor, tropezará veinte veces, como apunta aquí Nicolas Casaux.
Además, se mezclan dos probabilidades. La cifra mide cuántos textos humanos son IA, no mide cuántos textos marcados son humanos. Y ese ratio ínfimo está sesgado porque sale de un millón de textos web en inglés, no sobre muestras de una novela francesa contemporánea. Las cifras son de la propia empresa y los estudios independientes que lo elogian, uno de Chicago Booth y otro de Bruselas, son anteriores a Pangram 4, de julio de 2026.
Y una coma
Pangram tiene una ventaja: marca qué trozos son IA, no solo un porcentaje global. Pero Pedro Torrijos puso a prueba esa promesa, tomó un texto sencillo, sin florituras, 100 % humano, le añadió 14 palabras hasta 230, transformó una aposición en adversativa y convirtió dos series de dos elementos en series ternarias. Veredicto: 100% IA, palabra por palabra.
Repitió con 320 palabras y salió humano. Con las mismas 14 añadidas, las 334 salieron IA, también las 320 idénticas a las que antes daban humano. Después quitó las series ternarias y dejó la adversativa: humano. Cambió un punto por una coma y el 49 % del texto salió IA. Y no era la frase tocada, sino la segunda mitad. Ahora traslada esto a 64.000 palabras para entender hasta dónde llega la sensibilidad. La propia documentación de Pangram admite que su nota no basta como prueba única.
Y, como decía, basta pedirle a un asistente que se «equivoque». Autores y periodistas que quieren sonar humanos lo usan. Pangram asegura pillar el 98,8 % de los textos pasados por humanizadores comerciales, pero estudios independientes de versiones anteriores hallaron IA que se colaba cuando se le pedía imitar la «humanidad». Los tramposos con oficio suficiente se saltan las vallas mejor que Felix Baumgartner. Sí, esta metáfora es mía.
Antes y después
Otra vía: comparar. El análisis posterior reunió veinte textos de Orélien de 2010 a 2017. Pangram marcó 14 como humanos, 6 como mixtos y ninguno como IA. Después probó trece posteriores a 2023, con cuatro artículos de 2026 en un diario de Montreal. Ocho salen teñidos de IA, cinco mixtos y ninguno humano.
Pues aquí lo que tenemos son tres trampas. Los seis “mixtos” de la era preIA son falsos positivos: Pangram cuenta como error un “mixto” en un texto humano. Esto, si no me fallan las mates, es un 30%, no un 0,0041 %. Lo que sí se encontró es que parte de sus textos antiguos copiaban a otros autores. Un servicio de verificación lo confirmó sobre un relato de 2012 premiado en un concurso de la radiotelevisión pública canadiense. Al parecer, calca pasajes de ‘El retorno de los brujos’ (1960). Otro análisis halló al menos cinco textos de 2012 y 2013 copiados en parte de otros autores. El autor no respondió a las peticiones de los medios.
Orélien respondió que el uso de repetición viene de la tradición haitiana y caribeña. Pregunta si alguien sospecharía de Césaire y admite que quizá sea su estilo. La IA tiene tics porque aprendió saqueando y amontonando millones de datos, bebiéndose a morro (sin la menor cortapisa legal, sin el menor respeto por los derechos de autor) nuestras novelas y nuestros ingenios. Sirva de ejemplo la afición de los ritmos ternarios de Baptiste Beaulieu, como defiende el propio Thélyson Orélien. Y ahora debemos andar de puntillas por esa explanada minada y evitar según qué metáforas o según qué aliteraciones.
¿Una cuestión de raza?




