Activismo zapoteca en EE. UU.: Indígenas migrantes se unen contra el ICE.

Amelie Vélez Martínez, una joven de 17 años, ha sabido combinar los valores de solidaridad y empatía que le enseñaron su madre y su abuela, dedicándose al activismo en apoyo de las comunidades indígenas migrantes en Estados Unidos.
“Cuando comenzaron las redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en Los Ángeles, la ansiedad me afectó casi de manera paralizante. Hemos observado un cambio drástico en nuestras comunidades. Antes, un viaje en autobús hacia la escuela o el trabajo no generaba el mismo miedo que ahora”, comenta a Excélsior la joven con raíces zapotecas.
Amelie es voluntaria en organizaciones civiles que asisten a la comunidad migrante mexicana, ofreciendo una vía para mitigar la incertidumbre económica y emocional.
“Además de salir a manifestarme, dedico tiempo a ayudar a mis hermanos mexicanos”, dice la activista de tercera generación en Los Ángeles.
Desde su infancia, ha sido testigo del trabajo altruista en Comunidades Indígenas en Liderazgo (Cielo), la organización creada por su abuela, Odilia Romero, y su madre, Janeth Martínez, defensoras de los derechos humanos de la comunidad migrante en la ciudad angelina.
“He ofrecido mi tiempo como voluntaria a la comunidad migrante. Cielo es una ONG enfocada en servir a las personas indígenas que residen en esta parte de California”, agrega.
Recientemente, esta red amplió su apoyo a aquellos afectados por los agentes de ICE, proporcionando cajas de alimentos y estableciendo un fondo de ayuda solidaria que acumula 70 mil dólares para los impactados por las redadas.
Amelie Vélez, su madre Janeth Martínez y su abuela Odilia Romero han trabajado durante tres generaciones con Comunidades Indígenas en Liderazgo (Cielo), apoyando a los migrantes.
Cielo es una organización creada por y para la gente, por lo que cuenta con su apoyo. Mucha de la entrega y preparación de las cajas de comida se realizan gracias a voluntarios”, explica.
“Lo mejor es la diversidad de personas que se ofrecen como voluntarias, creando una comunidad sólida y momentos (incluso) divertidos. He podido conocer a mucha gente, ya sea a un hombre maya de 60 años con un gran sentido del humor o a dos hermanos zapotecas que siempre se encargan de la música y tocan al menos un jarabe”, comparte.
Al principio, estos voluntarios pueden parecer un grupo ecléctico, pero todos encajan perfectamente, porque “lo que verdaderamente une a todas estas personas es la fuerte comunidad que se forma durante el voluntariado y la ayuda mutua que brindan”.
Además, la joven rapera, defensora de su lengua materna y de la identidad zapoteca, menciona que su labor altruista le ha permitido conectar con familias indígenas, quienes la reciben con calidez y agradecimiento.
Las enseñanzas de su madre y abuela han sido su principal inspiración, reconociendo las luchas de familias como la de un padre soltero con siete hijos, una mujer cuyo esposo fue detenido, o una madre que lleva a su bebé atado a la espalda mientras busca su caja de alimentos.
“Estas personas son parte de mi comunidad y son a quienes he podido ofrecer ayuda, incluso si solo es contando tomates… Es crucial enfocarnos en lo que podemos hacer, incluso en los momentos de desesperanza”, concluye.
cva



