México

Cartografiar la desaparición en México a través de testimonios orales.

En la batalla contra la persistente desaparición forzada en México han emergido nuevas herramientas y tácticas, muchas de ellas impulsadas por las madres buscadoras. Una de estas iniciativas pretende amplificar las luchas que enfrentan diariamente: el mapeo verbal de las búsquedas de personas en todo el país.

Testimonios como el de Bibiana Mendoza, del colectivo Hasta encontrarte de Guanajuato, que se pregunta: “¿por qué con tantos recursos económicos, algunas instituciones, y herramientas tecnológicas a su disposición, no logran revertir esta situación?”, o el de María Luisa Castellanos López, parte del colectivo de Buscadoras de Nuevo León, que menciona que “hay quienes desean ser abogados, criminalistas o parte del Ejército para encontrar a sus seres queridos”, configuran un mapeo que sirve de guía para otras buscadoras.

Este esfuerzo se está construyendo desde Radio Hasta Encontrarles, un proyecto que inició en 2019 y forma parte de Técnicas Rudas y Narrativas y Memorias de la Desaparición en México, donde las buscadoras transmiten sus experiencias y llaman a la sociedad y a las autoridades a “abandonar la sordera y la ceguera ante este problema que nos afecta a todos”.

Itzell Sánchez, coordinadora de Alianzas Creativas de Narrativas y Memorias, sostiene que el podcast busca desafiar la narrativa hegemónica sobre este tema, la cual criminaliza, revictimiza y no contribuye a la justicia.

Contamos con la participación de familiares que generan materiales artísticos, poemas, cantos; hemos realizado caravanas en colaboración con los colectivos, tomado plazas públicas y organizado conversatorios para amplificar sus voces, pues nuestro objetivo es ser un megáfono para los participantes en las búsquedas”, enfatiza Sánchez en una entrevista con Excélsior.

Nos dimos cuenta de que una de nuestras grandes fortalezas es el intercambio de experiencias, a través de estos canales donde pueden narrar sus vivencias y ser testigos de su propia historia.”

El esfuerzo por localizar a personas no se limita a la actividad de los colectivos, también abarca a periodistas en la primera línea y asociaciones que aportan su perspectiva para buscar soluciones.

La esperanza es un guía esencial, recalca Sánchez.

Porque pensamos que al hablar de este tema, algún día será como decir: ‘esto pasaba en México’ y que las narrativas de las madres buscadoras formarán parte de un archivo vivo, un archivo que relaciona el presente con el pasado”, confía.

La locutora del podcast, que se escucha en alrededor de ocho radios comunitarias, insta a la sociedad a “comprender que la desaparición en México es un asunto que nos concierne a todos; no es necesario que tengas un ser querido desaparecido para involucrarte y reflexionar sobre el tipo de país que deseamos heredar. Debemos sentir dolor por lo que ocurre en el país donde vivimos”.

Al igual que los testimonios de Bibiana y María Luisa, la primera temporada de Hasta encontrarles narra “estas luchas en las que abundan mensajes de amor verdadero, el amor que mueve montañas, literalmente”, añade.

Excélsior presenta algunos de los testimonios que han compartido las personas buscadoras en la primera temporada de Hasta encontrarles.

GUERRERO: “NO DUERMO, ¿QUÉ MÁS DEBO HACER?”

A Emma Mora le enfurecen las omisiones del gobierno para dar respuestas a las familias que buscan a sus seres queridos.

Desde que su hijo José Alberto desapareció en 2011, la presidenta del colectivo Familias de Acapulco ha enfrentado indiferencia, ignorancia y falta de recursos humanos, técnicos y presupuestales. No se sabe ni cuántos cuerpos hay en el Semefo, y las autoridades manejan cifras distintas.

Ella ya no puede esperar más, reconoce. No tiene ni el tiempo ni la paciencia del principio.

Casi no duermo. ¿Qué más debemos hacer para que las instituciones realmente realicen su trabajo, nos den respuestas y podamos encontrarlos?”, se pregunta.

Gema Antúnez enfrenta obstáculos que pueden poner en peligro su vida. Como miembro del colectivo Familiares en Búsqueda María Herrera, de Chilpancingo, no encuentra rastro de su hijo Juan Sebastián, desaparecido desde 2011.

A pesar de la militarización en Guerrero, las autoridades están desbordadas por la violencia criminal y se aventuró, junto a una compañera, a una zona remota. “Me salieron 15 sicarios. Me amenazaron”, relata. Pero no temió ante las armas que la apuntaron.

Que sigan sufriendo mamás, como he sufrido yo, no me permite dar un paso atrás y decir: ‘lo dejaré todo’, porque en el camino de buscar a mi hijo hemos localizado a muchas personas”, expresa. Enfermera de profesión, aprendió a ser trabajadora social y consejera. “Hasta en medicina forense, ya no es fácil que nos engañen”.

TAMAULIPAS: BUSCADORAS QUE HABLAN EL MISMO IDIOMA

En 2012 ni siquiera se había mencionado la desaparición, recuerda Graciela Pérez Rodríguez.

En agosto de ese año, su hija, su hermano y tres de sus sobrinos desaparecieron en una carretera en Ciudad Mante, Tamaulipas, y las autoridades se referían a ellos como “no localizados”.

Inició su búsqueda a base de tropiezos, junto a otras familias. No lo comprendía todavía, pero estaba abriendo caminos. “En ese momento no sabíamos que había que salir al campo”, confiesa. Creía que los desaparecidos se encontraban en un cuarto, en una habitación, en una casa.

Con pala y pico, se introdujo en lo desconocido. “Nunca pensé que podría hallar el terror y el horror en una montaña, una sierra, un monte”, dice la fundadora de Milynali Red, creada en 2017 y compuesta por 15 colectivos en nueve estados.

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Ella fue una de las primeras en descubrir sitios de exterminio en Tamaulipas. A sus descubrimientos de cuerpos semienterrados, le siguió el hallazgo de restos óseos calcinados.

Tuvimos que agudizar no solo la vista, sino el olfato y la forma de caminar”, señala. Gracias a su labor, se estableció un protocolo de búsqueda que hoy sirve como referencia. También, junto a otros colectivos, desarrolla una varilla inteligente para el trabajo de campo que puede indicar si lo que toca en la tierra puede ser un indicio de un hallazgo. La tecnología ayuda, afirma, pero caminar el terreno es insustituible.

Ahora, 13 años después de que comenzó su búsqueda, sabe que no está sola. “Llegas a casa y llevas tu pena, no sabes con quién hablar y no quieres la lástima de los demás, pero entre nosotras hablamos el mismo idioma y esa es la razón por la cual nos agrupamos”, asegura.

NAYARIT: ¿Y SI EL VERDUGO ES EL ESTADO?

Cuando Dania Michelle Torres Campos desapareció en medio de un enfrentamiento con marinos el 20 de diciembre de 2017, Fabiola Campos, del Colectivo Ágape, no dudó en iniciar su búsqueda.

Investigó y recorrió miles de kilómetros siguiendo pistas de lo ocurrido, pero enfrentó la indiferencia de las autoridades, que, a más de siete años, aún no le brindan detalles sobre el caso.

No hay avances ni aquí ni en la CDMX. Ya he proporcionado evidencias y nombres de personas que estuvieron en el enfrentamiento, que sostienen que la Armada de México se llevó a mi hija, y después de siete años no han actuado, no han investigado, no han buscado a quienes estuvieron presentes”, comparte en el episodio de Hasta Encontrarles sobre Nayarit.

De los marinos presentes en el enfrentamiento, solo han entrevistado a tres, quienes dicen exactamente lo mismo, solo que cambiaron los nombres”.

A Fabiola, como a cientos de buscadoras, la inunda la rabia. “Le digo al investigador de la Ciudad de México que esto no es un juego, que ni yo y mucho menos mi hija somos objeto de burla de nadie”, relata y menciona que en videos a los que ha tenido acceso se observa a elementos de la Marina sacando a su hija de un domicilio mientras ella grita pidiendo ayuda.

En medio de sus luchas por hallar a Dania Michelle, ayuda a otras familias a buscar a sus seres queridos. Formó parte de las buscadoras que localizaron el Rancho Izaguirre, en Jalisco, donde encontraron ropa de presuntas víctimas del crimen organizado.

En cada jornada en la que ha participado, se enfrenta al mismo obstáculo: la omisión de las autoridades que solo reciben datos sobre fosas y pruebas, y luego excluyen a los colectivos.

Si se detecta alguna fosa, la Fiscalía llega y se adueña del lugar, ya no nos permite acercarnos ni siquiera tomar notas sobre lo que se extrae, ya que ha habido casos en los que encontramos algo y lo vuelven a desaparecer”, lamenta Fabiola antes de que el colectivo se desplace a CDMX para una reunión con legisladores.

Si la justicia terrenal no está haciendo nada por nosotros, la justicia divina llegará en su momento.»

SAN LUIS POTOSÍ: ENCUENTRA A VARIOS EXALUMNOS SICARIOS EN LAS JORNADAS

La desaparición de cinco de sus familiares en la carretera de Ciudad Mante, Tamaulipas, el 14 de agosto de 2012, obligó a la profesora Edith Pérez a convertirse en activista y a fundar el colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros de San Luis Potosí en 2015.

Aunque no deja de ser docente, desde la desaparición de sus hijos Alexis y José Arturo Domínguez, de 16 y 20 años; su sobrina Milinalí Piña, de 13; su sobrino Aldo Pérez, de 20; y su hermano Ignacio Pérez Rodríguez, de 54 años, se dedica a buscar respuestas.

Han sido casi 13 años, muy cansados y desgastantes. Soy una mujer muy optimista; siempre lo he dicho, amo la música. La música me revitaliza y bailar me renueva. A veces bailo sola como loca, pero eso siento que le da fluidez a mi alma”, expresa.

Hija de un normalista de Ayotzinapa y parte de un colectivo que agrupa a más de 500 familias, menciona que entre los jóvenes sicarios que ha encontrado en estas largas jornadas están sus exalumnos.

Ahora sé que uno de mis alumnos que destacaba en las olimpiadas del conocimiento es el jefe de plaza de Tamuín. Así que quiero visitarlo y decirle: ‘Oye, no puedes hacer esto. Recuerda cuando hablábamos, cuando bailábamos, cuando jugábamos, esa inocencia que había, ¿qué te ocurrió?’”, apuntó.

Además, describe cómo grupos del crimen organizado usan ácido para desaparecer cuerpos. “Hemos encontrado en la zona media (de SLP) que están utilizando ácido. Ese ácido consume totalmente los huesos, dejando completas las articulaciones del esqueleto, incluso el cerebro queda como una gelatina.

NUEVO LEÓN: “¿Y CÓMO LE EXPLICAS A LOS NIÑOS QUE ESTO NO ES NORMAL?”

Buscadoras de Nuevo León surgió en 2019 con cinco personas y hoy cuenta con 286 familias que mantienen la esperanza de hallar a más de 210 desaparecidos.

María Luisa Castellanos López, quien desde 2011 busca a su esposo y a su cuñado, señala una realidad poco visible: además de los hijos de los desaparecidos, también hermanos, sobrinos o primos se ven afectados.

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Ellos escuchan lo que sus familiares buscan en la lucha diaria por encontrar a sus seres amados. Las desapariciones alteran el plan de vida familiar.

Se sincera: “Soy madre de cuatro hijos y hablar con ellos sobre lo que sucedió con su padre ha sido complicado”. Si los adultos no siempre comprenden que, a pesar de los años, existe esperanza, “¿qué podemos esperar de esos niños?”, se pregunta.

Algunos, cuenta, ya no desean unirse a los colectivos, desmotivados porque no ven resultados en los trabajos de campo.

Otros quieren ser abogados, criminalistas o integrantes del Ejército o Policía para encontrar a sus padres, madres, hermanos o hermanas.

Niños que dicen: ‘Yo quiero ser buscador’ o ‘yo quiero ser buscadora’. ¿Y cómo se les explica que esto no es normal, que no debería ser considerado una profesión? Ningún padre o madre espera que su hijo, al crecer, se convierta en buscador o buscadora”, lamenta.

En su colectivo han notado niños con depresión, ideas suicidas y consumo de sustancias. Ya están desarrollando un plan de prevención.

Con mujeres formadas en más de 15 años de búsqueda, el colectivo busca aliviar el sufrimiento de otras buscadoras al abordar el impacto de una desaparición desde una perspectiva integral. Les enseñan que son víctimas y les explican como y ante quién presentar su denuncia. Orientan sobre cómo interponer quejas si detectan que alguna autoridad vulneró sus derechos y gestionan capacitación jurídica e incluso en el uso de drones para las búsquedas. También facilitan protección policial para las labores de campo.

Nuestro camino a veces se parece a ser apagafuegos, ¿no? Vamos resolviendo lo que surge y a partir de ahí desarrollamos acciones para atender la situación”, dice María Luisa.

COAHUILA: BUSCANDO PISTAS HASTA ENTRE PRESOS

La fundadora del colectivo Grupo VI.D.A Laguna A.C. Víctimas por sus Derechos en Acción, Silvia Ortiz, comenzó su activismo tras la desaparición de Fanny Sánchez Ortiz, el 5 de noviembre de 2004, a los 16 años, en Coahuila.

A pesar de las dificultades, la buscadora destaca que Grupo Vida logró entrar a las prisiones para buscar a desaparecidos en vida.

Fuimos el primer colectivo en el país que pudo acceder a varios Cereso para buscar en vida; fue muy complicado, pero lo logramos y luego lo compartimos con otros colectivos, quienes empezaron a realizar estas búsquedas a nivel nacional”, narra.

Ahora llevamos carteles, hablamos con los presos; es un enfoque diferente, es otra forma de buscar”.

La activista también habla sobre los campos de exterminio, indicando que no es lo mismo encontrar osamentas o cuerpos en fosas que restos en estos campos, donde los cuerpos son cremados y triturados para que nunca sean identificables.

Externa su frustración ante lo que considera la negligencia de las autoridades en el campo de exterminio de Teuchitlán, Jalisco.

Nos mostraron fotografías de ropa (hallada en el rancho Izaguirre) y yo le dije al MP: ‘Por favor, haz una recomendación a los de Jalisco. Mira, las prendas están pisadas’.

¿Cómo es posible que las prendas estén pisadas? Eso es toda una contaminación del área. ¿Cómo es posible que esté sucediendo? ¿Cómo se permitió? En una imagen se veía a alguien pisando las prendas. ¿Ves? Entonces le dije: ‘Mira, ahí está, ¿cómo hicieron las cosas de esa manera?’”, lamenta.

GUANAJUATO: DIGNIFICAR SU VOZ DESDE EL AMOR

Las raíces del colectivo Hasta Encontrarte, de Guanajuato, surgieron del reconocimiento del dolor por la pérdida, la ausencia, el abandono institucional y de la sociedad.

Así lo expresa Bibiana Mendoza, de dicho colectivo, quien busca a su hermano desde 2020. “Nos reconocemos entre las lágrimas de los discursos que señalaban a nuestros seres queridos desaparecidos, acusándolos de merecerlo o de ser delincuentes”, dice.

Pero afirma, “es el amor que nos regalaron desde pequeños, lo compartido, los juegos, las risas, lo que nos motiva a dignificar su voz”.

Para Angie Almanza, de Ángeles de Pie Por Tí, más que un colectivo es una familia pequeña.

Considera que “la gran incógnita es qué se está haciendo en la práctica, porque promesas hay muchas. La realidad es que cada vez hay más desaparecidos, más mujeres, más menores, y esto es un problema que no tiene otro nombre que el de la guerra entre grupos delictivos, la adicción y la indiferencia de la sociedad y autoridades”.

Viviana coincide en que para entender la desaparición forzada, habría que abordar cómo surgió el narcotráfico y discutir las omisiones de las autoridades, no solo de México, sino también de otros países, como Estados Unidos, donde los índices de consumo de drogas son altos.

No hay autoridades que hablen del consumo problemático desde una perspectiva de derechos humanos”, señala.

A pesar de que cada vez hay más comisiones locales de búsqueda, el presupuesto destinado a localizar personas desaparecidas es nulo, en comparación con el gasto de los congresos estatales en campañas políticas”.

Angie reconoce que sí se han logrado cambios legislativos, pero lamentablemente nunca son suficientes, nunca son reales (…) Continua habiendo un gran bache entre la desaparición que, tristemente, termina en homicidio, en fosas clandestinas, en masacres… Los cambios legales se quedan cortos, mientras el crimen avanza y aprende a ocultar a las víctimas mejor”.

Estamos abandonados por un país que está desbordado y que no puede revertir la situación que vivimos”, concluye Bibiana.

MICHOACÁN: PELEANDO CONTRA LA CORRUPCIÓN

A Laura María Orozco Medina y a María Eugenia Ruiz Favela las une la misma causa: encontrar a sus familiares y ser guías para otras personas buscadoras.

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En el colectivo Familiares Caminando por Justicia, al que pertenece Laura, consideran que el motivo de las desapariciones ha cambiado con el tiempo y con ello las formas de buscar, además de la negligencia de las autoridades.

Las desapariciones forzadas en los años 60 eran por motivos políticos, pero desde 2006, son para sembrar el terror”, señala.

En Madres con una Luz en el Corazón, colectivo al que pertenece María Eugenia, aseguran que el aumento de desapariciones “se atribuye a la corrupción de las instituciones, ya sea la Fiscalía o la Seguridad Pública, que han estado involucradas en muchas desapariciones”.

En este estado, la situación es grave, “en este momento el desplazamiento interno forzado es alarmante, no solo por el control territorial de grupos criminales, sino porque buscan generar terror, despojando a la gente de sus propiedades y recursos”, expresa Laura, quien busca a su padre Leonel Orozco Ortiz y a sus hermanos Leonor y Moisés.

A pesar de estos retos, se mantienen firmes. “El miedo nos lo quitaron hace mucho tiempo cuando se los llevaron”, advierte María Eugenia, que busca a su hijo Gustavo Ruiz, desaparecido el 8 de julio de 2018.

OAXACA: SIGUIENDO LAS HUELLAS DE LOS QUE EMIGRARON

¿Qué sucede cuando los desaparecidos no siempre están en fosas? ¿Qué ocurre cuando las autoridades desestiman el caso, porque la desaparición no tuvo lugar en su estado o país?

Luchar contra esa indiferencia en Oaxaca, uno de los estados de donde provienen muchos migrantes, es el desafío que enfrentan los colectivos que buscan a personas vivas, quienes, por diversas razones, no pudieron comunicarse con sus familiares; migrantes que acabaron en la cárcel, en hospitales o en situación de calle.

Aunque nuestra sede y oficina están en la ciudad de Oaxaca, apoyamos a familias de diferentes países o estados que así lo solicitan, generalmente trabajamos y buscamos de manera remota, a través de nuestras redes en Estados Unidos”, señala Nancy García, de Manos Migrantes Apoyados, No Olvidados A.C.

Hemos encontrado a personas en la cárcel que tienen muchas años de sentencia o situaciones vividas en Estados Unidos y que por alguna razón no pudieron comunicarse con su familia; a personas en situación de calle, en hospitales, y la más dolorosa, a aquellos que han fallecido en el desierto o en el cruce”, comenta García.

Para Karina Espino, de Sabuesos Guerreras Oaxaca, otro desafío son las costumbres, ya que “cuando hay un desaparecido, por ejemplo en Tlaxiaco, necesitamos pedir permiso y pueden pasar dos o tres meses para que te dejen ingresar a un terreno.

Dentro de la misma entidad, la labor es ardua, pues, indica Ricardo Martínez Santiago, de Oaxaqueños Unidos Exigiendo Justicia, se da “acompañamiento en fiscalías, ya que ellos no pueden acompañarnos todo el tiempo.” En toda esta lucha, la falta de humanidad representa un desaliento, ya que, añade Karina, “es una mentira que digan ‘te entiendo, sé por lo que estás pasando’; no lo saben, no lo sienten, y espero que nunca les suceda”.

MORELOS: ESCUDRIÑAR EN EL TERROR DE LOS SEMEFOS

Morelos, un estado marcado por la violencia, ha acumulado a centenares de personas fallecidas en los centros forenses, y es allí donde el colectivo Búsqueda de Familiares Regresando a Casa Morelos A.C. escudriña en busca de aquellos de quienes se desconoce su paradero.

La Fiscalía comete una serie de desapariciones. Muchas de estas personas tenían fecha de desaparición y las buscábamos, pero la Fiscalía fue omisa y terminaron enterradas.

Primero fueron desaparecidas por la delincuencia organizada y luego por la Fiscalía, que las ocultó”, asevera Edith Hernández, del colectivo creado en 2017, quien busca a su hermano.

Al surgir “nos preocupó toda esta crisis forense. Fueron más de 360 cuerpos que fueron trasladados a un panteón ministerial”.

Edith detalla el terror de revisar las fosas comunes, “con demasiados cuerpos amontonados, embalados con plástico negro, cadáveres que no recibieron necropsia, muchas veces con prendas puestas, características que indicaban que no habían sido tratados dignamente ni identificados”.

Al participar en estos procesos, obtienen valiosa información, “información escrita a mano, porque no nos dejan llevar cámaras, nos toca dibujar, escribir y crear formatos de inmediato para documentar características físicas, tatuajes, fracturas, descripciones dentales, así generamos una base de datos y mapas con coordenadas sobre donde localizamos los cuerpos”.

Así, desarrollan una hipótesis de búsqueda, de dónde pueden ser arrojados, ocultados o un mapeo de dónde desaparecen, señala Edith, del colectivo que también promueve el documental Volverte a ver, que muestra testimonios y la labor de personas buscadoras.

Para ellas, no solo es un desafío constante con la omisión por parte de las fiscalías, también es una batalla personal, pues enfrentan desgaste físico, emocional, psicológico y económico. Se cuidan mutuamente y se sostienen mutuamente.

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